Blog de seguridad y defensa
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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Entre el valor y la deshonra



 
“Sabemos lo que somos, pero no en lo que podemos convertirnos.”

William Shakespeare
Ya han transcurrido dos años desde que el 01 de junio de 2012 el gobierno de España concedió la Cruz Laureada de San Fernando al Regimiento Cazadores de Alcántara nº 14 por su participación en las operaciones de julio de 1921, un tiempo prudencial para reflexionar con honestidad sobre este singular hecho sin interferir con las conmemoraciones y homenajes debidos que durante estos dos años se han prodigado merecidamente. Y deberíamos reflexionar sobre este asunto porque conceder una Laureada noventa y un años después del hecho de armas que lo motivó es un acontecimiento realmente insólito, singular y significativo, que no hace más que subrayar la excepcionalidad en la que aquella actuación heroica del Alcántara se circunscribió: el desastre de Annual.
 
Porque la Laureada concedida al Alcántara y el lúgubre desastre de Annual -con las consecuencias que tuvo en el Ejército, la sociedad y, definitivamente, en la historia española del siglo XX- son dos caras inseparables de una terrible misma moneda. La feliz noticia de la Laureada no puede escamotear a los que hoy conformamos el Ejército el terrible fracaso moral generalizado en el que se circunscribieron los hechos del Alcántara, dotándolos, aún si cabe, de mayor valor e importancia; pero no sería justo -ni aconsejable- pensar que podemos pasar ya la página de los gravísimos hechos ocurridos en las filas del Ejército español durante aquella campaña.
 
Algunas palabras posteriores al desastre, como las de un destacado diputado de la época que afirmó: “estamos en el periodo más agudo de la decadencia española. La campaña de África es el fracaso total, absoluto, sin atenuantes, del Ejército español[1], así como las de un insigne y experimentado general que acusó por carta pública a sus compañeros de armas “junteros” del fracaso: “Acabamos de ocupar Zeluán, donde he enterrado 500 cadáveres de oficiales y soldados… El no tener el país unos millares de soldados organizados les hizo sucumbir. Ante estos cuadros de horror, no puedo menos de enviar a ustedes mis más duras censuras. Creo a ustedes los primeros responsables, al ocuparse sólo de cominerías, de desprestigiar al mando y alcanzar en los presupuestos aumentos de plantilla, sin ocuparse del material -que aún no tenemos- ni de aumentar la eficacia de las unidades. Han vivido ustedes gracias a la cobardía de ciertas clases que jamás compartí. Que la Historia y los deudos de estos mártires hagan con ustedes la justicia que se merecen.”[2], son sólo un par de muestras de la profunda fractura que produjo en la sociedad y el Ejército aquel maldito verano de 1921.
Era de justicia recordar y premiar a los héroes del Alcántara, y así por fin ha ocurrido, pero aun así surgen muchas preguntas claves que gravitan en el aire y que merecen una sincera respuesta: ¿qué terribles miedos y silencios propiciaron que este expediente se guárdese en un cajón durante regímenes políticos tan diversos como el reinado de Alfonso XIII, la II República, la dictadura y los diversos gobiernos democráticos? ¿Por qué los militares nos ocultamos a nosotros mismos aquel episodio durante tantos años? ¿Qué impulsó a unos pocos hombres a realizar aquellos  terribles sacrificios a pesar de la deshonra que les rodeaba? ¿Qué hubo distinto en aquellas unidades que en medio del pánico y la desmoralización generalizada plantaron cara a la muerte de manera plenamente consciente y sostenida? Y en definitiva, ¿por qué y cómo se levantó la delgada línea roja que separó el valor de unos pocos, frente a la deshonra de muchos?

La educación en el valor
“La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía”.
Aristóteles

El desastre de Annual no fue ni un hecho puntual ni sorpresivo. La situación en la que se encontraba el Ejército en aquellos años había ya sido diagnosticada desde diversos ámbitos con anterioridad al desastre.
El General Fanjul, a la sazón diputado conservador, ya había lanzado una grave acusación a los entonces diputados -allá por 1919- premonitoria de lo que se avecinaba: «En Marruecos vendrá una catástrofe, y es necesario abrir una cuenta para saber a quién corresponden las responsabilidades, porque llegado el momento del desastre todas caerán sobre un ejército que no tiene las condiciones necesarias para actuar allí, y, entonces, vosotros, hombres públicos, que sois verdaderamente responsables de la política marroquí, encogeréis vuestros hombros y dejaréis caer las responsabilidades en los hombres que visten el uniforme militar» [3].


Pero las palabras más terriblemente aterradoras sobre la situación anterior a la caída de Annual las pronunciaría el 23 de abril de 1921 el segundo jefe de aquel regimiento que ahora ha recibido la Cruz Laureada de San Fernando, el Oficial que meses después derramaría su sangre y la de sus hombres hasta la extenuación. Según atestiguó el diputado Felipe Crespo de Lara en una intervención ante el Congreso en 1922, el TCol Primo de Rivera manifestó ante varias personas -el General Silvestre estaba también allí-  tres meses antes del desastre: «Que la situación en África, por efecto de la inmoralidad reinante y sobre todo por haberse entregado al juego muchos de los jefes y oficiales allí destinados, tenía que producir y no tardando mucho, una verdadera catástrofe.»[4]. Según afirmó el mismo diputado, entre 1920 y 1921 se habían suicidado 47 jefes y oficiales en África, y 41 habían perdido su carrera por fallos de tribunales de honor, la mayoría de ellos víctimas de su vicio por el juego. A ello se le sumaban 59 jefes y oficiales, de éstos 30 en África, acusados de desfalco y malversación de los fondos económicos que iban dirigidos al frente.

 
Los expedientes abiertos por la justica militar en la época –recopilados en el expediente Picasso- demuestran como  no era infrecuente el robo de enseres y recursos destinados a las unidades en la ciudad de Melilla, donde residían cómodamente muchos coroneles y tenientes coroneles jefes de unidad, quedando sus tropas aisladas, desabastecidas y desguarnecidas al mando de capitanes y oficiales que sí compartían las penalidades de sus hombres; certifican como las unidades tenían muchos sueldos sin cobrar; dan testimonio como los jefes de unidad por encima de comandante -debido a las normas que las juntas de defensa soterradamente habían impuesto- se turnaban en el mando para de ese modo equilibrar las posibilidades de obtener los preciados ascensos por méritos de guerra entre todos ellos, sin preocuparse de las consecuencias que su desmedida ambición personal generaba en las unidades.
En definitiva aquel expediente recopilaba y daba fe de innumerables episodios de inmoralidad, corrupción, ambición y deshonor; palabras todas ellas muy gruesas, que aplicadas y demostradas en un ejército en situación de combate, y referidas a sus oficiales y jefes al mando, se constituyen en pruebas de cargo de varios pecados mortales. No hay probablemente acusaciones más graves para un militar. Quizás solo la cobardía en combate pero, desgraciadamente, tampoco faltaría ésta a su cita con aquel desastre. La pregunta que debería abrasar la mente de cualquiera que se haya acercado a aquellos hechos con cierta profundidad es cómo llegamos a aquella situación.

No es fácil dar explicaciones concluyentes, seguramente las razones son complejas y no sólo atañen a los militares. Muy probablemente la sociedad de la época -y eso es referirse a las élites pues los demás no tenían voz- estaba igual de enferma que su Ejército. Así desde luego lo diagnosticaba Ortega y Gasset tras el desastre: “Lo importante es que el pueblo advierta que el grado de perfección de su ejército mide con pasmosa exactitud los quilates de la moralidad y vitalidad nacionales. Raza que no se siente ante sí misma deshonrada por la incompetencia y desmoralización de su organismo guerrero, es que se halla profundamente enferma e incapaz de agarrarse al planeta[5]. Pero además de que el Ejército de la época pudiese ser en gran medida un fiel reflejo de una sociedad enferma, desde el punto de vista militar tenía que haber algo más. Ellos –los jefes y oficiales del Ejército- habían sido formados en otros valores, y habían jurado dar la vida por unos ideales, sin excepción y sin excusas; cabe entonces preguntarse por qué fallaron tan estrepitosamente.
Quizás palabras como la del Archiduque Alberto de Austria, inspector general del Ejército austrohúngaro,  en las justificaba la urgente necesidad de reforma que emprendió en su ejército a finales del siglo XIX, nos ayuden a entender la dinámica en la que se encontraban los ejércitos europeos de la época: “Hay multitud de militares  de mente estrecha que en tiempo de paz se exceden en los detalles, son inexorables en materias de adiestramiento y equipo, y que perpetuamente interfieren en el trabajo de sus subordinados. Esos hombres adquieren por ello una inmerecida reputación y hacen del servicio una gran carga, pero en la realidad, sobre todo, lo que hacen es impedir el desarrollo del valor individual de sus subordinados y retardar el avance de espíritus valientes e independientes. Cuando surge la guerra, estos hombres de mente estrecha, superados por la excesiva atención a detalles y la escasez de normas y reglas a las que atenerse, son incapaces de realizar los esfuerzos necesarios y fallan miserablemente”[6].

Parece muy posible que el Ejército español estuviese en una dinámica similar a la de sus pares europeos a finales del siglo XIX, o que incluso estuviese quizás aún más castigado que otros, debido al desastre del 98 y la desmoralización nacional colectiva que trajo consigo, además de por la crónica falta de recursos que venía sufriendo desde hacía muchos años; y fue precisamente en esa situación en la que afrontó la progresiva ocupación del protectorado de Marruecos.
Entre 1907 y 1919, y a diferencia del resto de ejércitos y naciones europeas que sufrieron la I Guerra Mundial, nuestro Ejército se quedó muy probablemente estancado en la añoranza, acuartelado entre África y la península,  y desmoralizado a la espera del fin de la contienda mundial, contienda de la que había quedado definitivamente excluido.  Probablemente fue en estas fechas cuando  comenzaron a extenderse aquellos vicios difícilmente corregibles: la proliferación de normas, las luchas profesionales intestinas, las corruptelas, la falta de ejemplaridad y, sobre todo, se comenzó a extender la falta del coraje moral e intelectual necesario para señalar y denunciar lo incorrecto, para exponer ante la superioridad las debilidades, los errores y los problemas por miedo a las consecuencias; en definitiva se extendió la conformidad, la estabulación y la deslealtad como comportamientos generalmente aceptables entre los oficiales para seguir medrando profesionalmente.

«La empresa militar de ocupar la bahía no tiene dificultades de gran monta»[7] fueron las palabras que por carta remitió el General Berenguer –Alto Comisario de Marruecos- al ministro Eza sobre el plan remitido por el General Silvestre en 1920 para la tan deseada ocupación de Alhucemas. Mientras decía esto a su superior jerárquico, le escribía a su subordinado también por carta: “Hemos de prever, dada la gran dificultad que, como sabes, existe, o mejor dicho, la imposibilidad de que nos refuercen en plazo breve con núcleos de tropa, que ese alargamiento de la línea, estirándola por un flanco, nos pueda crear una situación débil en toda ella». Esta gravísima disparidad entre lo que se le decía a la superioridad y la realidad sobre el terreno es un claro ejemplo de la forma de comportarse de la cúpula al mando de las operaciones y se debía con toda seguridad a que el General Berenguer no quería “molestar” a sus superiores con detalles que importunasen los ardorosos deseos de la cúpula militar, y de las altas instituciones del estado, que impulsaban con ahínco la expedición y a su subordinado el General Silvestre.
El viejo Aristóteles nos señala en la cita del inicio de este epígrafe que la valentía se ha de educar, y se debe educar practicándola en el día a día con pequeños actos de valor. Para un militar esto significa que el valor se debe educar en el tiempo de paz pues, llegado el momento del combate, es aleatorio –cuando no difícil- que surja. Es decir, el valor se puede y debe educar en el modo en el que un militar afronta la vida diaria, en pequeños asuntos, tomando decisiones complejas en ambientes inciertos e incómodos, y asumiendo daños o pérdidas personales o profesionales como consecuencia de aquellas; también probablemente confiando asuntos y decisiones valiosas a subordinados y compañeros, poniendo en sus manos nuestras vidas y permitiendo así crear lazos de confianza mutua que son difícilmente disolubles. Y es así que el valor nace en tiempo de paz, seguramente, de una diaria batalla mental entre lo cómodo, conveniente y beneficioso para uno mismo y su carrera, y lo honorable y leal, a veces incómodo y peligroso, que muchas veces puede perjudicar a nuestros intereses personales. 

Y es que nadie que no sea capaz de acometer el miedo y el desgate moral que produce defender ideas distintas a las institucionalmente establecidas, y debatir honestamente con los que uno considera los suyos, señalando los posibles errores con prudencia y lealtad, será capaz jamás de afrontar otros riesgos. Es más, el carecer de leal espíritu crítico y de una abierta capacidad de análisis, así como la falta de valor para presentar informes u opiniones incómodas para el mando, produce un serio desarme moral e intelectual que, al perpetuarse, incapacita a la institución y/o sociedad que lo practica.
 
Aquella batalla entre lo incómodo y lo conveniente para sí mismo que sin duda se planteó en la mente del General Berenguer al saber que sus superiores esperaban de él determinadas palabras que no eran ciertas sobre el terreno, fue ganada por la conveniencia de decir lo que sus superiores esperaban sin plantear problema alguno y sin informar lealmente de los graves riesgos que se cernían sobre todo el plan.  El resultado, como ya pronosticó el General y diputado Fanjul, fue que el General Berenguer acabó procesado y separado del servicio por su actuación en esta campaña, asumiendo la máxima responsabilidad de un desastre en el que otros habían también tenido demostrada responsabilidad.

Fue precisamente en este ambiente en el que el TCol Primo de Rivera –aquel que pronosticaba el desastre por la “inmoralidad reinante”- y sus hombres, tuvieron que decidir en aquellos días de julio de 1921 si arriesgaban lo más valioso  que tenían, su vida, en beneficio de unos compañeros a los que probablemente no conocían, unas personas que lo único que tenían en común con ellos era la bandera que defendían. Y es que cuando partieron de Melilla a asumir el contacto con el enemigo sabían ya lo que estaba ocurriendo, y lo hicieron plenamente conscientes de los errores del mando y de las defecciones que aquel día abundaban a su alrededor. Y aun así, cumplieron hasta morir.
Pero no sólo fueron ellos los que aquel fatídico verano se comportaron con extremo valor a pesar de la ignominia reinante a su alrededor. El Comandante Benítez, defensor de Igueriben, nos brindó otra maravillosa lección de valor moral y físico cuando se dirigió en estos términos a su comandante en jefe, el General Silvestre, y le espetó: «Nunca esperé de V. E. recibir orden de evacuar esta posición, pero cumpliendo lo que me ordena, en este momento, y como la tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el mando, dispongo que empiece la retirada, cubriéndola y protegiéndola debidamente pues la oficialidad que integra esta posición conscientes de su deber, sabremos morir como mueren los oficiales españoles». Como ya es sabido, el Cte Benítez murió defendiendo su posición –lo que le valió una Laureada individual-, y la hipótesis más plausible es que el General Silvestre acabó suicidándose[8] en su tienda de campaña cuando todo el desastre era ya un hecho, abandonando a sus hombres cuando más le necesitaban.

 
Estatua en honor al Comandante Benítez en Málaga.
Terribles palabras y terribles historias no tan lejanas en el tiempo. Historias de soldados cuyas consecuencias fueron tan graves que afectaron a toda la historia de España  del siglo XX. Historias cuyos ecos aún llegan hasta nuestros días, sucesos que no deberíamos cerrar en falso sin que nos dejen alguna lección indeleble. Y es que ningún oficial debería desconocer que los hechos en los que participó el Alcántara con tanto honor fueron consecuencia de gravísimos errores del propio Ejército, y que además contribuyeron definitivamente al gran desastre colectivo que se avecinaría para España pocos años después.

Todos deberíamos llevar grabado a sangre y fuego en nuestra mente el que casi con seguridad fue el momento más ignominioso de la historia de los oficiales del ejército español a lo largo de su ya dilatada historia: el desastre de Annual y las circunstancias que lo rodearon. Los jóvenes cadetes, cuando ya tengan unos años de formación y sean capaces de entender la importancia del pecado cometido por sus antecesores, deberían estudiarlo y discutirlo en detalle, y las caras e imágenes de sus principales protagonistas deberían serles tan familiares como las de sus generales y profesores actuales.
Y deberían conocerlo a modo de vacuna, para que ya siempre sean plenamente conscientes de en qué pueden convertirse, y en lo que se convirtieron algunos que, como ellos, un día lejano abrazaron la profesión militar con devoción y que, sin embargo, acabaron fallando terriblemente a su Nación; y para que nadie jamás, ocurra lo que ocurra, repita aquel fracaso moral colectivo, y para que se den cuenta que aquel hecho supone una vergüenza con la que ellos también deberán cargar por el mero hecho de ser oficiales de nuestro Ejército español.

Conclusión
“Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor.”

 Albert Einstein
Desde luego la del Desastre de Annual es una de las más cruciales lecciones que recibió nuestro Ejército a lo largo de su historia que no conviene, quizás a veces deliberadamente, olvidar. En él se entremezclan episodios terribles de cobardía, deshonra y deslealtad, con otros, como el del Alcántara, de enorme valor moral y físico; episodios de los que se pueden extraer lecciones cuya esencia es perfectamente aplicable a nuestros tiempos.

Porque  muy probablemente, en lo militar, no desarman ni la carencia de medios, ni la escasez de dineros, ni los flojos soldados, ni los fusiles obsoletos; en lo militar, desarma fundamentalmente la falta de valor intelectual y moral, y éste es el peor de los desarmes, porque conduce inevitablemente al tan temido desarme moral colectivo –el fracaso inevitable de los hombres custodios de las armas-.

 
Muchísimo más importante que legar a las siguientes generaciones de oficiales potentes carros de combate y modernos misiles, mucho más importante que darles licenciaturas e idiomas y relatarles historias de héroes y medallas, es transmitirles un discurso moral sincero y coherente que les prepare para las adversidades, miedos y frustraciones que sin duda tendrán que afrontar en el futuro, como afrontamos hoy, y como afrontaron todos los que lucharon por España antes que nosotros. Porque nunca ha sido fácil servir con honor en los Ejércitos de España y, a buen seguro, tampoco lo será en el futuro.
Pongámonos toda la vacuna contra la deshonra y la desmoralización, expliquémonos en detalle lo que fue el Desastre de Annual, sus consecuencias y sus posibles causas. Y una vez restituida la deuda con el Alcántara, reflexionemos en estos tiempos de crisis sobre por qué tuvimos miedo tanto tiempo a reconocer nuestros terribles errores, y sobre si aquellos vicios que se instalaron en nuestro Ejército en aquellos días, así como si ese miedo a la reflexión crítica y al ser postergados por la incomodidad de nuestras opiniones, perviven en nuestras filas.

 


[1] Indalecio Prieto. Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados (DSCD). 22-12-1922.
[2] General  Miguel Cabanellas Ferrer. El Imparcial. 27 de octubre de 1921.
[3] Joaquín Fanjul Goñi. DSCD. 19-08-1919.
[4] Felipe Crespo de Lara. DSCD. 06-07-1922.
[5] Ortega y Gasset. España invertebrada. 1922.
[6] Archiduque Alberto de Austria. La responsabilidad en la guerra. 1874.
[7] DSCD. 29-11-1922.
[8] Así lo afirmaron años después del desastre el  Cabo Las Heras (su operador de radio) y el propio Abd-El-Krim El Jatabi.

lunes, 28 de enero de 2013

Las viudas de Ifni.



Por razones que no vienen al caso, la guerra de Sidi-Ifni ha sido siempre un tema que ha ocupado este observatorio desde su creación. La desidia, la mentira y el manto de olvido con la aquella guerra fue tratada por la dictadura franquista ha sido otro capítulo poco honorable de la ya larga lista de miserias que la historia de España ha recopilado. Luego, durante los gobiernos democráticos, nadie ha querido solucionar algunas de las consecuencias que la descolonización apresurada trajo consigo. Ya se sabe que la política exterior española siempre ha sido bastante condescendiente con los sátrapas alauitas.
 
Pero aun hay esperanza. Resulta que un nieto del gobernador general de Ifni ha realizado ún corto denominado Las viudas de Ifni, que intenta dar a conocer algunas de las injusticias que con los habitantes de aquel territorio español se cometieron. Y parece que el corto es un firme candidato a los Goya. Esperemos que resulta ganadora y que ello sirva, al menos,  para dar a conocer a los españoles uno de los episodios más olvidados de nuestra historia.

domingo, 12 de abril de 2009

El fracaso de las élites político-militares: una larga historia de soldados muertos.

Me imagino que la crisis económica está forzando a muchos a subir al puente de mando y agarrar timidamente el timón ante los rumores entre la tripulación de "motí...motín". Puede parecer mentira pero es así; con gran desfachatez de repente nos anuncian muy solemnes los patricios del partido que se ponen al mando sin que nadie entre ellos se pregunte qué habían hecho hasta ahora, sin que nadie les exija responsabilidades por cinco años perdidos en los brazos del hedonismo, del culto a la imagen, de poses de salón y borrachos todos en los vapores de la orgía de adulamiento del césar todopoderoso.

Hay y habrá siempre excepciones. Pero desde luego esas excepciones no llegarán a tener sitio en los triclinum más próximos al césar. Como mucho se les permitirá mirar y, de vez en cuando, opinar siempre que con ello no osen ofender los oídos del Princeps Iuventutis o de unos de sus protegid@s. Si así no lo hacen, no deben dudar que serán trasladados a alguna lejana provincia romana de segunda -en lo físico o en lo mental- donde la tranquilidad y la rutina serenará sus ánimos.

Coincido hoy con La Harka en que los militares deben tener valor para decirse las verdades -correctas o no- a la cara para de ese modo poder decírselas con lealtad y rigor al resto de servidores públicos y a los decisores políticos -si es que se han levantado del triclinum- a ser posible en privado. Pero señalo aún más críticamente que son los decisores políticos y su sistema clientelar de partido los que han contaminado definitivamente a toda la administración del estado, y por tanto a sus FAS, con este sistema de adoración conformista y sumisa en los que los servidores públicos son incentivados en justa proporción a su ciega sumisión a los criterios del que le manda y donde se confunde continuamente Estado con partido -como también se señala en La Harka-.

Ahora bien, lo que se pide para los militares, que tengan valor y empiecen a decir su verdad tranquila y claramente, es igualmente exigible a los miembros de los partidos políticos. No se puede esperar que sean los militares los que inicien una reforma en la política de defensa pues no es a ellos a los que corresponde y mucho menos una reforma de la forma de gobierno del estado. Eso, como señalaba acertamente el TCol Yingling ante el selecto auditorio de la escuela de estado mayor del ejército de EEUU, no es posible:

"...the institutional military has proven incapable of internal reform on the scale necessary to provide for our security. If change comes, it must come through political intervention from the outside in and innovation from the bottom up. The post-911 generation is the most reliable source of that bottom up innovation, if only we will listen to their experiences and invest in their education. " [...la institución militar se ha revelado incapaz de realizar la reforma interna necesaria que requiere nuestra seguridad. Si llega el cambio, deberá llegar a través de la intervención política externa y de la innovación de abajo a arriba. La generación post 11-S es la fuente más fiable para era innovación desde la base, sólo tenemos que escuchar su experiencia e invertir en su formación].

El TCol Yingling -estando en activo y teniendo una prometedora carrera por delante- se atrevió a publicar en el Armed Forces Journal el ya legendario "A failure in generalship" (Un fallo en el generalato) afirmando basicamente que por segunda vez en una generación los EEUU podían afrontar una derrota militar (Vietnam e Irak) ante un enemigo irregular. Y que esta circunstancia era debida principalmente al fracaso colectivo del cuerpo de generales de los EEUU, los cuales habían fallado en su máxima y casi única responsabilidad: asesorar correctamente al nivel político en el uso de la fuerza y tener a sus FAS preparadas para las guerras que su país iba a afrontar.

Como corolario del artículo se extraían tres afirmaciones: que los generales tienen el compromiso con la sociedad y con las FAS de administrar correctamente el esfuerzo que los ciudadanos invierten en la defensa proporcionando asesoramiento preciso sobre lo que se necesita, para qué se necesita y cómo y dónde usarlo, que los generales estadounidenses habían fracasado en este asunto tanto en Vietnam como en Irak y, finalmente, que remediar este fallo colectivo de los generales de los EEUU sólo se conseguiría con la intervención política directa del Congreso .

Esto evidentemente no gustó mucho a sus generales y Yingling , a pesar de seguir mandando en la actualidad un grupo en Irak, ha sido postergado en el escalafón. Pero dicho esto también hay que decir que se ha convertido en portavoz de una generación de oficiales que desde abajo a arriba están haciendo palanca para remover el poderoso establisment militar que dominaba y atenazaba a las FAS de EEUU mientras, eso sí, un hombre de estado -sin apenas ya intereses personales ni de partido- ha hecho desde el nivel político suya la tarea que Yingling reclamaba y ha puesto patas arriba el Departamento de Defensa a la par que enderezaba la guerra de Irak, salvaba la vida de cientos de hombres y se ha puesto por meta ahora el intentar sacarnos a todos de la trampa afgana en la que solitos nos hemos metido.

Sea como sea, los dirigentes políticos han seleccionado -aquí, en EEUU y en UK- a generales que le son dóciles, conformistas y sumisos porque así entienden toda la maquinaria del estado. Y estos generales, impulsados por su natura, eligen entre sus subordinados a aquellos militares que son parecidos a ellos pues valoran como positiva la conformidad, la eficacia mecánica y la falta de iniciativa propia; cualidades que a esos mismos generales les han llevado hasta su ansiado generalato. Este proceso enfermizo acaba invadiendo la institución entera y la enfermedad es ya incurable desde el interior del organismo; sólo ya un tratamiento externo antibiótico de choque puede revertir la infección.

Llegado a este punto algún avezado lector se preguntará si es necesario/conveniente curar al enfermo o, muy al contrario, lo mejor es dejar al enfermo en cama, incapacitado, sumiso y dependiente. Terrible pregunta que tendrá seguro diversas respuestas. Y muchas -aunque alguno no lo crea- serán partidarias -en muchos niveles aquí en España- de dejar al enfermo como está, de no tensar el arco, de mantener al ganado estabulado. Y lo cierto es que optando por mantener al enfermo en tiempo de paz no pasa nada más que se dilapiden unos cuantos miles de millones de euros anuales -9000 o más en bonanza y 7000 o menos en crisis- en morfinas que le adormezcan y que de paso generen un gran mercado de venta de narcóticos nacional con el que además se puedam captar algunos votos también convenientemente estabulados.

Pero el problema llega cuando estos estados clientelares se enfrentan a una guerra -o a una crisis-. Cuando todos esos políticos, generales y oficiales estabulados en la comfotable seguridad de la institución o del partido son liberados a los peligrosos pastos en los que tienen que buscar con iniciativa el alimento y no saben como hacerlo porque ellos sólo conocen -eso sí más que nadie- buscar el pienso en el morral (segunda acepción), es cuando de repente estalla el problema. Lo refleja perfectamente en su conferencia Yingling citando al Archiduque Alberto que a finales del siglo XIX afirmó:

"There are plenty of small-minded men who, in time of peace, excel in detail, are inexorable in matters of equipment and drill, and perpetually interfere with the work of their subordinates.

They thus acquire an unmerited reputation, and render the service a burden, but they above all do mischief in preventing development of individuality, and in retarding the advancement of independent and capable spirits.

When war arises the small minds, worn out by attention to trifles, are incapable of effort, and fail miserably. So goes the world. "

Como ven el asunto no es nuevo, ni es exclusivo de esta querida España; hoy Defence of the Realm también toca el tema en "Sacred cows to the abattoir" sobre el Reino Unido. Desgraciadamente es tan viejo como la civilización. Lo sorprendente es que cada tres o cuatro generaciones -a veces varias veces en una sola- tengamos que aprenderlo a golpes porque no somos capaces de extraer conclusiones y enseñanzas de los que nos ocurrió y de lo que ocurre a nuestro alrededor.

Decía Ortega en 1922 que "El pueblo que no se siente ante sí mismo deshonrado por la incompetencia de su organismo guerrero es que se halla profundamente enfermo e incapaz de agarrarse al planeta" . Yo ya no sé si es verdad. Hasta de Ortega dudo.

jueves, 26 de marzo de 2009

Sin estrategia nacional ergo Kosovo.


Para el que conozca en profundidad la historia balcánica reciente -y recalco "en profundidad"-todo esto de Kosovo, los fondos y las formas, no resulta más que un hilarante capítulo más de la tramoya incoherente con la que llevamos actuando en los Balcanes desde 1995. Un cúmulo de despropósitos que España ha conseguido llevar al rídiculo gracias a su maldito y ya legendario ensimismamiento. Ese ensimismamiento que nos impulsa a interpretar todo lo acontecido desde la miope contemplación de nuestros propios ombligos. Ese pertinaz e inculto ensimismamiento que, de vez en cuando, hace que me avergüence profundamente de la nación en la que vivo.

Mientras
nosotros andamos aquí con nuestras cuitas intestinas habituales -y la ya tradicional idiocia política imperante campa a sus anchas entre salones, despachos, interpelaciones y moquetas-, las sirenas antiaéreas sonaron anteayer en toda Serbia para recordar el décimo aniversario del inicio de los bombardeos aéreos de la OTAN en 1999 sobre su territorio . Bombardeos que causaron más de 3.000 muertos y que pusieron fin al dominio serbio sobre Kosovo. Bombardeos intensivos que fueron llevados a cabo por aviones que en sus alas llevaban, entre otras banderas, la española.

Era 1999, gobernaban en España otros que ahora son oposición, y la oposición de entonces es el hoy partido gobernante; el hoy Alto Representante de la UE era Secretario General de la OTAN y tanto CiU como CC y el PNV aplaudían con entusiamo al unísono la caída de las bombas de racimo que Javier Solana ordenó lanzar sobre la entonces RFY (Serbia+Montenegro+Kosovo). Todo ello pese a que en ese momento no había ningún respaldo "legal" de NNUU para la operación. Sí, así fue. En Kosovo se entró sin respaldo alguno de NNUU. Es más, nosotros, los pacíficos españoles, bombardeamos un estado soberano, la República Federal Yugoslava, con nuestros aviones de combate sin que hubiese intermediado agresión previa alguna por su parte. Hoy esto nos parecía impensable.

Para los españoles que en esa primavera del 99 estaban en una misión también de la OTAN en Bosnia i Herzegovina, SFOR, ( y más concretamente en zona serbia de BiH), aquello supuso un problema tremendo. Después de llevar 4 años intentando ganarse a la población serbia de Bosnia en una supuesta "misión de paz", nuestros aviones bombardeaban a los serbios de Montenegro a apenas 20 km de la ciudad bosnio-serbia de Trebinje. Cuando los habitantes serbo-bosnios de la zona lo supieron, cargaron, lanzaron granadas y dispararon contra todo aquel que tuviese algo que ver con la OTAN y por supuesto con España. Las unidades, las ONGs, la NNUU, la OSCE y todo aquello que oliese a "internacional" se tuvieron que replegar a las bases y encerrarse hasta que se pasaron los bombardeos. Aquel fue otro divertido y poco conocido episodio de nuestras "operaciones de paz" en el exterior.

La localidad serbo-bosnia de Trebinje. Al otro lado de estos montes aviones españoles bombardeaban Montenegro mientras a este lado nuestras fuerzas estaban en "misión de paz".

Por eso entenderan que todo esto de las legalidades internacionales, de las independencias, de la coherencia en materia diplomática y del uso de las FAS como herramienta de la acción exterior del estado me suena a la más absoluta y ridícula farsa. Cuando los que apelan a ella son los "pacíficos" y "legales" socialistas o cuando la santifican los "guerreros" y "leales" populares. Una profunda y singular farsa que utilizan a conveniencia unos y optros para sus miserias morales e intelectuales.

Lo que allí empezó con aquellos bombardeos un gobierno del PP -jaleado por todos- al amparo y bajo mando del socialista Solana, estaba claro que acabaría con la secesión kosovar antes o después. Si hubo entonces un error de cálculo al decidir participar o fue simplemente incapacidad prospectiva, no lo sabremos nunca. El Sr. Piqué hace tiempo que admitió lo primero.

Lo que ahora ha hecho un gobierno del PSOE retirándonos de la misión de la OTAN KFOR, mostrando miedos secesionistas internos párvulos, y confundiendo los Balcanes con un Kosovo que ni siquiera Serbia está ya dispuesta a defender, sólo ha servido para dejarnos utilizar por Rusia como una cuña más en su empeño de desactivación de la Alianza Atlántica. España, supuesto peón ilustre de las blancas, se ha dejado utilizar como peón de las negras en la partida de ajedrez que Rusia libra con la OTAN en la esquina balcánica del tablero. Y dudo que haya alguna contrapartida energética jugosa que enjuague semejante traición.

Por todo ello es por lo que este observador ni comparte la forma ni comparte el fondo de lo que estamos haciendo. El fondo ha sido un desopropósito trás otro desde 1999. La forma ha sido desgraciada, oportunista, injustificable e incomprensible. Un tremendo error. Errores que son posibles gracias a que este país no tiene -ni se espera- una Estrategia Integral de Seguridad y Defensa definida y conocida, una estrategia escrita y pública que obligue a nuestros párvulos gobernantes a no improvisar y a ceñirse a un guión meditado, acordado en el medio y largo plazo, y por el que nos puedan entender e interpretar nuestros socios y aliados.

Con todo, nuestra postura entre dos aguas -el no reconocimiento del estado kosovar y la simultánea permanecia en la fuerza KFOR- he de reconocer que nos había colocado en una buena posición estratégica. Nos acercaba en espíritu a Serbia y Rusia pero nos mantenía solidariamente unidos a nuestros aliados más estrechos -UE y EEUU- de facto. Incluso sobre el terreno era útil nuestra posición para la misión internacional pues la población serbo-kosovar nos respetaba y prefería que sus enclaves fuesen protegidos por tropas españolas antes que por tropas de cualquier otro país de la OTAN que ellos señalaban como traidores a sus intereses y responsables de sus desgracias -léase franceses, italianos, alemanes, británicos y estadounidenses-. Pero finalmente todo ello se viene abajo con nuestro absurdo repliegue unilateral.

La abadesa Anastasia y la hermana Euphemia son protegidas por fuerzas francesas tras el ataque al monasterio ortodoxo de Devic (Kosovo) en 2004.

Nuestra
política exterior hace años que es un barco sin rumbo claro; un barco que unas veces abandona las aguas europeas para adentrase en las aguas norteamericanas sin mirar atrás y al poco tiempo vira en redondo y abandona las mismas calmadas aguas europeas para navegar a toda máquina hacia las gélidos mares rusos. Entenderan que de este modo el resto del tráfico internacional marítimo se aparta ante la visión de semejante buque sin gobierno. Desgraciademente con ello estamos retornando a lo peor de la España del siglo XIX.

Afortunadamente aún quedan en España algunos destellos de vida inteligente. Todavía se pueden leer algunas opiniones expertas discordantes y algunas críticas justificadas y autorizadas entre el vociferio generalizado.

Espero que sepan disculpar el tono duro de esta entrada, ya dije en "De vehículos de patatas y estados nonatos fallidos" que cualquier asunto relacionado con los Balcanes lo único que me produce es que se me suba el nublao a la cabeza, como a Pérez Reverte. Se me hincha la vena oigan, qué le voy a hacer.

Hablando de Pérez Reverte, del putiferio nacional y los nublaos que se me suben a la cabeza de vez en cuando, recomiendo no perder detalle de "Treinta y seis aguafiestas". Los detalles de mi interés sobre este asunto ya los relaté hace tiempo en este observatorio.

sábado, 7 de marzo de 2009

Banderas, historias y guerras.


Gracias a Interdomin (asiduo seguidor de este observatorio) podemos disfutar de la foto de cabecera de esa entrada. Quizás no lo aprecien a simple vista pero si pinchan sobre ella observarán como la tripulación del portaviones estadounidense Theodore Rossevelt forma alineada en la amura de babor componiendo con sus uniformes los colores de la bandera de España mientras la fragata española F-101 "Álvaro de Bazán" navega a su altura.

De este modo la F-101 recibía el homenaje de despedida del portaviones estadounidense tras haber desarrollado su misión de escolta de combate durante el año 2005 en la Guerra de Irak.

Curiosas coincidencias tiene la historia. Muy curiosas. Preciamente ambas Armadas -la de EEUU y España- 107 años antes de esta foto luchaban a muerte allá en nuestra Cuba, en nuestra Manila y nuestro Puerto Rico hasta que la española desaparecío.

Fue precisamente Theodore Rossevelt el que habiendo sido nombrado Secretario adjunto de la Marina estadounidense en 1897 por el presidente McKinley preparó y alentó la guerra contra España. Y fue también en aquella guerra hispano-estadounidense del 98 precisamente donde ganó su fama de héroe el que luego sería el 26º Presidente de los EEUU, Theodore Rossevelt, como Coronel Jefe del Regimiento de Caballería, los "rough riders".

Coincidencia también es que, dos años antes de este homenaje a nuestra bandera en el Golfo Pérsico, fuese otro presidente -español esta vez- el que permaneció sentado ante la bandera de los EEUU para de ese modo expresar sus "protestas" por la misma guerra en la que esta fragata española participaría bajo su mandato. Protestas que empezaron por otra foto, esta vez en las Azores, que sellaba una alianza de propósitos entre EEUU y España.

Quizás el caprichoso destino quiso que fuese Don Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz y Almirante General de la Armada, en cuyo honor se bautizó a esta primera fragata serie F-100 de nuestra Armada, quien ocupó las Islas Azores para nuestro emperador Felipe II en el año de Nuestros Señor de 1582.

Casualidades, coincidencias, azares, caprichos, destino...banderas, presidentes, reyes, buques y guerras. Cuanta historia común de encuentros y desencuentros.


Aquí la bandera estadounidense y la española ondean hoy juntas en la Base de Operaciones Avanzada de Bala Murghab (Afganistán).

miércoles, 21 de enero de 2009

Ideales, errores y laureados.

Representación de prensa sobre la orden del General Smith "MATAD A LOS MAYORES DE DIEZ (años)" en la Guerra Filipino-Estadounidense. New York Journal, 5 de mayo, 1902.


"Ningún estado puede sobrevivir mucho tiempo exclusivamente por medio de su poder de coerción… Con el transcurrir del tiempo, el mantenimiento del orden social es negociado."
Christopher Pierson, The Modern State (Londres: Routledge, 1996), pág. 22.


Si la importancia del mensaje se mide por el orden en el que se situa, las primeras y más importantes palabras sobre defensa y seguridad del nuevo Presidente de EEUU son:

"En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, redactaron una carta para garantizar el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha expandido con la sangre de generaciones. Esos ideales aún alumbran el mundo y no renunciaremos a ellos por conveniencia. Y a los otros pueblos y gobiernos que nos observan hoy, desde las grandes capitales al pequeño pueblo donde nació mi padre: sabed que América es la amiga de cada nación y cada hombre, mujer y niño que persigue un futuro de paz y dignidad y de que estamos listos a asumir el liderazgo una vez más.

Recordad que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y al comunismo no sólo con misiles y tanques, sino con sólidas alianzas y firmes convicciones. Comprendieron que nuestro poder solo no puede protegernos ni nos da derecho a hacer lo que nos place. Sabían por contra que nuestro poder crece a través de su uso prudente, de que la seguridad emana de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y las cualidades de la templanza, la humildad y la contención."

Quizás antes estas primeras y no casuales palabras el gobierno de Israel tenga mucho sobre lo que reflexionar. Quizás aquí en España aquellos que se sienten tentados por los atajos expeditivos, la flexible conveniencia y la falta de confianza en sus convicciones también deban reflexionar.

Lo que este observador tiene claro es que aquellos que están dispuestos a renunciar a sus más profundos principios morales, aquellos que carecen de ellos y/o los que ni siquiera se plantean tenerlos, son la tierra más fértil para los fundamentalismos de todo tipo. Aquellos que más facilmente se convierten en los demonios que combaten.

Pero no sólo el Presidente de EEUU viene con las lecciones firmemente aprendidas. Hoy conviene leer lo que muchos escalones por debajo del comandante en jefe de los EEUU escriben sus subordinados acerca de " La legitimidad y las operaciones militares" y "Persuasión y coerción en las guerras contrainsurgencia". Del primero extraigo la cita inicial de esta entrada, del segundo destaco este párrafo:

"Un gobierno que sólo emplea la fuerza no puede ser admisible para los norteamericanos. Es deseable que un gobierno sea creado en el momento en que se sustente en la voluntad de los gobernados. Ello se puede lograr satisfactoriamente solo a través de la obtención y retención de la buena voluntad de la población… Nuestra política fue formulada originalmente con el fin de prevenir que naciera un rencor y odio imperecedero. Esta política nos ha brindado el respeto y la aprobación de la inmensa mayoría de la comunidad más inteligente e influyente. No podemos perder su apoyo adoptando ahora medidas que pudiesen ser necesarias para reprimir a los rivales irreconciliables y a los rebeldes".

General de Brigada J. Franklin Bell sobre la política de EEUU en Filipinas.

¡Ay EEUU, cuantos errores ya conocidos y cuanto te ha costado!

¡Ay Israel, cuantos errores a lo largo de tantos años! Errores que pagamos y pagaremos todos.

¡Ay España, cuantos errores! Y que caro los pagamos también.

Parece que, una tras otra, todas las generaciones -aquí y allá- caemos en los mismos terribles errores.

Hoy anoto dos hechos que ocurrieron muy lejos de aquí, hace muchos años, en ya lejanos eneros cuando los españoles librábamos eso que llamaban la guerras contra los insurrectos, con nuestras luces y sombras, con nuestros errores y sus consecuencias:

19 de enero de 1896. En la acción del barranco de Danar (Filipinas) entre insurrectos y fuerzas españolas, el sargento de Infantería don Agustín Puente Pérez luchó cuerpo a cuerpo con varios enemigos después de haber sido gravemente herido, logrando poner fuera de combate a su jefe y en fuga al resto, impidiendo que le arrebata­ran su fusil a pesar de las once heridas que había recibido. El sargento Puente fue recompen­sado con la Cruz Laureada de San Fernando.

20 de enero de 1876. Por una real orden de esta fecha se concede la Cruz Laureada de San Fernando al teniente coronel don Eugenio Aguilar Galindo, por la acción de Rejondon de Baguano (Cuba), el 29 de junio de 1872, en la que al regresar a Holguín desde Mejía una columna bajo su mando, compuesta de doscientos hombres, contando sesenta enfermos que conducía, se encontró en el citado punto a alrededor de mil quinientos insurrectos que esperaban parapetados en ventajosas posiciones. A pesar de no contar con apoyo de ninguna clase y de la gran diferencia de fuerzas no pensó en retroceder, sino que tomó la valiente resolución de atacarles, manteniendo una obstinada lucha durante nueve horas en la que sufrió ciento veinte bajas, consiguiendo conti­nuar su camino y lograr salvar a los heridos que conducía. El teniente coronel Aguilar tomó una parte personal en el combate y resultó gravemente herido, lo que no le impidió seguir al frente de su tropa y animarla con el ejemplo. El valor en grado heroico demostrado le valió la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando.

Ya lo dijo Sun Tzu mucho antes que todos: "Por lo tanto, los que no son totalmente conscientesde la desventaja de servirse de las armas no pueden ser totalmente conscientes de las ventajas de utilizarlas".

domingo, 3 de agosto de 2008

Mirar a poniente.


Los dos nos quedamos parados frente a la pequeña placa que hay colocada en la rotonda que da paso al faro. Las letras ya casi ni se pueden leer, son un fragmento de Pérez Galdós acerca de la batalla, algo así como cuándo se darán cuenta los hombres de estas naciones que tarde o temprano deberán vivir juntos y dejarán de guerrear.

Eso es todo. Es lo que queda como recuerdo de aquella batalla. Una batalla en la que murieron 4000 hombres, muchos de los cuales estuvieron llegando ya cadáveres a la playa durante días. A esa misma playa en la que ahora nos sentábamos mirando a poniente buscando un lugar que estuviese aproximadamente a 8 millas de la costa.

-Allí sucedió todo- nos dijimos. Allí ocurrió uno de los peores episodios de nuestra incompetente Historia. Cartuchos de papel, pedían entonces. Lástima que no hubiesen tenido a mano una buena guillotina francesa para picarle el billete a algún incompetente Rey.

Luego, mi amigo y yo, nos tomamos unas cuantas cervezas en el chiringuito de la entrada de la playa mientras veíamos una de las puestas de sol más bonitas que he visto en mi vida. Yo al instante me acordé de que a diario, a la caída del sol, después de arriar bandera, sigue sonando en algunas bases militares el toque de oración. Allá donde estés, debes pararte, mirar a poniente y saludar. Es en recuerdo de los caídos.

Allí, en el Cabo de Trafalgar, poniente es espectacularmente bello. Un precioso lugar para mirar y recordar. Un precioso lugar para morir.

viernes, 25 de julio de 2008

Muy Leal, Noble e Invicta...


A las 10.30 de la noche del 24 de julio, los infantes de marina y marineros británicos han comenzado el desembarco anfibio sobre la ciudad. Con remos envueltos en telas para no hacer ruido y los hombres cubiertos por lonas, han comenzado a avanzar las dos millas que los separaban de la playa. La fragata española San José les ha descubierto y ha abierto fuego avisando así a todas las defensas. Desde el castillo de Paso Alto hasta el Castillo de San Telmo están abriendo fuego con toda clase de proyectiles, metralla y fusilería de mosquete durante toda la noche. Algún buque de Su Graciosa ya se ha ido a pique.

Ayer, a las 2230 del 24 de julio de 2008, oí la descarga que desde la Plaza de España de Santa Cruz de Tenerife –lugar donde se levantaba el Castillo de San Cristóbal- se ha desencadenado para indicar el principio del fin de la Gesta. Y es que hoy, 211 años después, Tenerife revive la gesta del 25 de Julio de 1797. El olor de la pólvora volvió a llenar la noche ardiente tinerfeña que da paso al Día de Santiago Apóstol, patrón de España y de nuestra Caballería.

Y es que el 25 de julio de 1797 el contralmirante Nelson y el capitán general Gutiérrez comandaron sus respectivas fuerzas en el ataque y la defensa, respectivamente, de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife. El entonces recien nombrado Contralmirante Nelson contaba con nueve buques, 400 cañones y 3.700 hombres. El General Gutiérrez con 1700 hombres y 91 cañones; entre ellos pocas tropas regulares (247 del Batallón Canarias –hoy Regimiento- y unos 300 artilleros) sindo la mayor parte milicianos que bajaron desde todos los lugares de la Isla para defender su tierra (en concreto destacaron las Milicias de Laguna y Orotava con 330 hombres y los Rozadores de la Laguna con 245 hombres).

El
general Gutiérrez había nacido en 1734 y tenía un gran historial militar. Participó en Italia en las últimas campañas de Felipe V. Como teniente coronel mandó la fuerza que expulsó a los ingleses de las islas Malvinas, recuperándolas para España. Como general de brigada volvió a derrotar a los británicos, a las órdenes del duque de Crillón, en 1782, en la recuperación de Menorca, y en 1791 tomó el mando del archipiélago canario. Con la de 1797 sería la tercera vez que el general Gutiérrez venció en combate a los pérfidos británicos.


Tras dos intentos de asalto sobre la ciudad fracasados los días 22 y 23 de julio de 1797, Nelson se encontraba con una situación muy peligrosa ante la Royal Navy y sus propios hombres. Para ello convocó a sus capitanes a una reunión el 23 y les dijo que, tras reconocer el fracaso de su plan inicial, había decidido atacar por el centro, yendo directamente al castillo central de San Cristóbal, donde se encontraban la mayoría de las tropas españolas y decidió él mismo tomar el mando del desembarco.

Así lo hizo aquella noche del 24 de julio y fracasó rotundamente. La agilidad de la maniobra de Gutiérrez moviendo su reserva de aquí a allá y el acierto de las baterías de artillería fue letal para el ataque. El propio Nelson perdió un brazo y fue evacuado. Ya para entonces el resto de su grupo estaba cercado o encallado en otras zonas donde eran hostigados por los milicianos. Nelson intentó de madrugada reforzar a los cercados enviando 15 botes hacia el muelle pero las baterías costeras hundieron a tres y los demás viraron y regresaron a los buques. Ante esta realidad los británicos enviaron emisarios para parlamentar con el General Gutiérrez, que consintió el alto el fuego y la retirada de la escuadra británica. Las tropas españolas tuvieron 30 muertos y 40 heridos, por parte británica murieron 240 muertos y 128 heridos.

Alentado por la victoria contra los invasores, el capitán general Antonio Gutiérrez solicitó los reconocimientos oportunos para la ciudad de Santa Cruz–que hasta entonces no lo era pues pertenecía al municipio de San Cristóbal de la Laguna- en ese mismo año. En 1803 el rey Carlos IV concedió las Armas y declaró a Santa Cruz villa exenta, con derecho a establecer su propio Ayuntamiento. Se creó el escudo y se otorgó a la ciudad los títulos de Muy Leal, Noble, Invicta y Muy Benéfica Ciudad, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife.

El escudo de armas de Santa Cruz de Tenerife tiene tres cabezas cortadas de león rodeando sendas cruces (la de fundación de la ciudad y la de Santiago por el día de la victoria de 1797). Las tres cabezas de león recuerdan las tres victorias alcanzadas contra los pérfidos ingleses durante los sendos asaltos que organizaron para conquistar el puerto y la ciudad de Santa Cruz como paso previo al dominio de las Islas Canarias: primero Blake en 1657, luego Jennings en 1706 y finalmente el omnipresente Nelson en 1797.

Hoy cuatro leones tumbados guardan la columna que sostiene la estatua de Nelson en Trafalgar Square. Leones que fueron una vez derrotados en una lejana, Muy Leal, Noble e Invicta ciudad.

Seguro que al tirador de mosquete que mandó a los infiernos a Nelson en la batalla de Trafalgar, 8 años después de la Gesta tinerfeña, le valió como referencia para tan certero disparo el brazo mutilado del entonces ya Almirante. Aquella mutilación era el agrio recuerdo de su primera y única derrota en aquella madrugada del 25 de julio del año de Nuestro Señor de 1797.

sábado, 12 de julio de 2008

10000 MRAP.


Diez mil MRAP han sido entregados a las FAS estadounidenses desde que en mayo de 2007 el Secretario de Defensa Gates tomó la decisión de hacer de este asunto una prioridad. En un año y 2 meses, diez mil vehículos.

Ya en abril de 2008 (11 meses desde la decisión inicial) se nos anunció que se habían desplegado (digo bien, desplegado) 5200 vehículos al teatro del Mando central (CENTCOM), en concreto a Afganistán e Irak. Once meses, 5200 vehículos. Nosotros, 8 meses después de llegados a España, hemos desplegado CERO MLV. Y parece que va para rato, vacaciones estivales de por medio.

Alguien me argumentará que no somos EEUU, ni disponemos de su presupuesto, ni de sus medios. Muy cierto. Pero haciendo una rápida comparativa diría que el presupuesto ordinario del DoD estadounidense es de 400000 millones $, y el nuestro es de unos 13000 millones $, es decir el ratio es de 1:31. Si este ratio presupuestario sirviese para calcular cuantos vehículos deberíamos poder desplegar nosotros en ocho meses, el resultado sería 150.

Es una cuenta poco rigurosa, lo sé. Pero es que en ocho meses no hemos sido capaces de poner un solo vehículo en zona de operaciones. NINGUNO. Eso sí que es poco riguroso.

Creo q
ue debemos reflexionar sobre nuestros reflejos actuales, incluso comparados con los que tuvimos en otro tiempo. Hace 98 años tardamos menos en desplegar vehículos protegidos en nuestras insidiosas guerras africanas. 98 AÑOS.


Linces italianos en El Líbano.

viernes, 13 de junio de 2008

Sobre MRAP y Hombres de Estado.

La campaña ¡MRAP YA! llega a la prensa de la mano de la agencia Europa Press. Aunque algunos creen ver otros intereses en ello, yo no, y desde este blog se agradece públicamente el interés y el seguimiento de la prestigiosa agencia.

Desgraciadamente en
el gabinete de comunicación del MDEF, que normalmente detecta las noticias de defensa al vuelo en su resumen de prensa, ésta noticia no ha tenido reflejo. Grave error, parece mentira que no se den cuenta que, tarde o temprano, la información se abre paso, y a veces, cuando se obvia una y otra vez el tic-tac, acaba estallando en las manos de alguien.

Por si acaso s
e les ha pasado les enlazo los medios electrónicos donde se han hecho eco de la noticia:


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Hoy en La Harka se enlaza: Gates The Great. SECDEF a Patriot with Guts [Gates el Grande. El Secretario de Defensa una patriota con agallas]. En él se ensalza como el Secretario de Defensa ha embestido sin rubor contra la maquinaria industrial de defensa americana (“the thugs in $3,000 suits who've robbed our military for decades…”), contra la burocracia departamental conectada con la anterior y contra “la mafia de los pilotos de caza” ("fighter-pilot mafia").

A cambio
ha propuesto para el cargo de Jefe de Estado Mayor de la Air Force al General Norton Schwartz, formado y curtido como piloto de transporte y de operaciones especiales. Un "paria" para cualquier Fuerza Aérea en el mundo. ¿Saben lo que significa "pata negra" y quién [des]gobierna el Ejército del Aire aquí?


Finalmente el artículo afirma:

“When the generals decided not to buy vehicles designed to deflect roadside bombs - since they might not be useful in future conflicts - Gates overruled them. In the view of this SecDef, protecting our troops now is more important than fantasies about tomorrow. “

[Cuando los generales decidieron no comprar vehículos para protegerse contra los bombas improvisadas en las carreteras (MRAP)–ya que podían no ser útiles en futuros conflictos- Gates los puenteó. Según el Secretario de Defensa proteger a las tropas estadounidenses ahora es más importante que las fantasías sobre mañana.]

Ya se ha hablado hasta la saciedad aquí de Gates. El otro día tuvimos un fuerte debate en este blog sobre lo hecho por el SecDef en “Gates sacude el "establishment" militar.”. Para los que quieran leer sobre lo que lleva hecho Gates y sus prioridades, les enlazo aquí lo que se lleva diciendo en este blog desde hace tiempo sobre él.

Evidentemente Gates no es un ángel ni un caballero de la mesa redonda, no es un loco, ni un revolucionario…sólo (y nada menos) es un Hombre de Estado que tiene la autoridad y el coraje moral e intelectual suficiente como para enfrentarse al complejo burocrático e industrial más poderoso e imponente de la historia: la maquinaria de Defensa estadounidense.

Y lo hace porque cree…cree en su nación, y en la posibilidad pocas veces afrontada de variar el rumbo. En EEUU esto es posible...e importante.

El Senador McCain durante su visita a la fábrica de MRAP Force Protection en enero.

Aquí tuvimos alguno de éstos pero, desgraciadamente para muchos, se nos fue antes de poder escuchar todo lo que tenía que decirnos. Fíjense, la única persona que ha logrado alcanzar el empleo de Capitán General desde 1975, empleo reservado únicamente a SM El Rey, y casi nadie sabe ya de él. ¡Qué país!