Blog de seguridad y defensa

viernes, 19 de junio de 2026

La escalada nuclear europea y el riesgo de un ataque nuclear de advertencia.



Desde hace tiempo vengo sosteniendo ante todos la necesidad de un programa militar nuclear europeo. Desde mi punto de vista, es la única opción, y la más barata, para que Europa no se convierta en un cordero degollado y tenga verdadera capacidad de disuasión frente a las grandes potencias. Hay opciones sin incumplir el TNP,  ya sea porque se hace bajo la jurisdicción de la UE, que no es firmante de dicho tratado, o bajo el paraguas de una potencia nuclear que esté dispuesta a compartirlo. Si no fuera posible, el único camino será abandonar el TNP y desarrollar programas nacionales propios. 

Pues bien, el 17 de junio de 2026, el Parlamento finlandés ha aprobado la derogación de la prohibición que hasta ahora impedía el tránsito, almacenamiento y despliegue de armas nucleares en su territorio. La reforma, que modifica la Ley de Energía Nuclear y el Código Penal, supone un giro doctrinal muy importante  justo tres años después de que Helsinki abandonara su histórica neutralidad para ingresar en la OTAN. Letonia ya dijo que estaba dispuesta a hacer lo mismo hace tiempo.

El presidente y el primer ministro polaco ya dijeron hace un par de meses  que Polonia necesita desarrollar un programa nuclear propio tras, aparentemente, recibir un no por parte de EEUU a que participen del club NATO Nuclear Sharing al que pertenecen Turquía, Italia, Alemania, Países Bajos y Bélgica.

En marzo de este año, Francia ofreció su paraguas nuclear a las naciones europeas para construir un paraguas europeo a aquellas naciones que se quieran acoger a él. Reino Unido, Alemania, Bélgica, Países Bajos, Polonia, Suecia, Dinamarca y Grecia ya dijeron que se unían a esta iniciativa y Noruega lo acaba de hacer en mayo.

Toda esta escalada nuclear en Europa occidental no es una iniciativa propia ni una locura colectiva. Responde a que Rusia ya emplazó armas nucleares en Bielorussia en 2023 y cambió su doctrina nuclear en 2024 para hacerla más flexible y ágil. Que luego los propagandistas rusos no digan que Europa les amenazó primero, que lo dirán.

Pero es ahora más que nunca, cuando la creciente presión que Ucrania está poniendo sobre la economía y la estabilidad social rusa con ataques cada vez más duros y profundos, cuando de verdad aumenta notablemente las tentaciones zaristas de escalar y realizar un ataque nuclear de advertencia sobre Ucrania. 

Un ataque nuclear demostrativo (o de advertencia) es la detonación deliberada de un arma atómica en una zona despoblada, en el mar o a gran altitud. Su objetivo estratégico no es causar bajas masivas ni destruir infraestructura, sino exhibir capacidad destructiva y voluntad de uso para coaccionar al adversario; busca forzar una rendición o la negociación de un conflicto escalando la tensión sin cruzar el umbral de una guerra nuclear total.  Evidentemente tiene unos riesgos tremendos: desde una nube radiactiva incontrolada, en el mejor de los casos, hasta  recibir un ataque proporcional de un aliado del país atacado o, en el peor de los casos, una escalada sin freno con otra potencia nuclear.

Y en España, ¿qué pensamos sobre las armas nucleares? Bueno, aquí tenemos suficiente con regodearnos en nuestros asuntos intestinos, ajenos siempre a lo que pasa en el mundo hasta que la realidad nos come y otros nos imponen su voluntad. 

Por eso pasó casi desapercibido que nuestro presidente de gobierno ya dijo en Múnich en marzo que el rearme nuclear no es la vía correcta para desarrollar la capacidad disuasoria  y que la disuasión nuclear no es una garantía sino una apuesta peligrosa. Es decir, que ya ha decidido que quedamos fuera, incluso, del debate común que se está desarrollando entre los otros miembros de la UE.

Pero no se preocupen, por supuesto esto no ocupará  tampoco ni un minuto entre las preocupaciones de nuestra siempre muy hiperventilada y airada oposición.