Las cosas nunca son lo que parecen y una bien orquestada campaña de información siempre ayuda a modificar la percepción de la realidad en el sentido adecuado. Lo digo porque numerosas voces amigas y conocidas -que considero normalmente bien informadas- han apoyado muy seriamente -para mi sorprea- que se proteja de los piratas a nuestros atuneros en el Índico, hasta que por fin parece que los gobiernos se han puesto manos a la obra y allá que van los nuestros. Que bien, ¿no?
Bueno pues sí, pero repito, las cosas nunca son lo que aparentan. A mí por lo menos me parece realmente curioso andar protegiendo intereses particulares de empresas privadas por los mundos de Dios con las FAS de todos. No sé si es muy coherente todo esto. Creo saber bien quién protege las refinerías y plantas de gas de Iberdrola o Repsol en Argelia, o en Venezuela, o por ejemplo en Bolivia. Un buen puñado de ex militares, ex “picoletos” y ex espías andan por ahí ganándose el sustento con el asunto privado sin que se les ocurra pensar que van a recibir ayuda oficial de sus antiguos camaradas. O quizá no lo sabemos y España ha decidido ser el único estado moderno que empiece a "internalizar" servicios, robandole la clientela a las empresas de seguridad privada. ¿Sabemos cuanto les costaría a las atuneras contratar un puñado de hombres bien armados y pertrechados que protegan sus barcos desde zodiac y/o helicópteros?¿Qué opinarán Prosegur y Blackwater de todo esto?
O es que acaso aquellos que ahora aplauden en coro que se proteja de modo gratuito a las privadas empresas del atún tambien creen que no debimos permitir las ya numerosas nacionalizaciones de empresas españolas interviniendo para proporcionarlas la debida seguridad física y jurídica en Argelia, Bolivia o Venezuela. O reformulando por activa: ¿ creemos que debemos desplegar tropas para proteger los miles de millones de euros que invierten nuestras empresas en el norte de África o en el sur de América?
Y por extensión: ¿Por qué no ya de paso el estado protege el interior de centros comerciales, bancos, hoteles, joyerías y todo tipo de espacio de titularidad privada que pueda correr algún riesgo en el desarrollo de sus actividades, sea en el interior, sea en el exterior? ¿Son acaso los atuneros espacios de titularidad pública y no lo sabíamos?
Me imagino que todos los que crean en el libre mercado contestarían que no a estas preguntas. Las distintas corporaciones privadas toman siempre sus decisiones empresariales valorando los riesgos y la relación coste/beneficio, incluyendo en esos costes los siempre necesarios de proteger su inversión. Las empresas, con razón, no gustan de que “papa estado” tome decisión alguna por ellas, pero tampoco es lícito que pidan a “papa estado” que, una vez tomadas de forma voluntaria e independiente, vaya él a protegerlas.
¿Por qué las industrias pesqueras no hacen lo mismo? ¿Quizás no han hecho una estimación correcta de sus costes/riesgos/beneficios y quieren que todos ahora carguemos con sus gastos de explotación? ¿Y creen ustedes que ellos estarían dispuestos a compartir sus pingües beneficios con el estado? ¿Y que contribución adicional están dispuestos a hacer con sus impuestos para financiar este extraordinario servicio del sector público al privado? O finalmente ¿pasará parte de su masa accionarial a titularidad pública a cambio de la intervención estatal en su auxilio?
Y no quiero ya entrar en detalle de balanzas fiscales vascas con el estado, de fueros y cupos, de la especial fiscalidad de las empresas vascas y de qué ciudadanos/empresas pagan en realidad la factura de los servicios que presta en exclusividad la administración central. Pero si están interesados, por ahí están las cifras muy claras. Ni tampoco quiero entrar en valoraciones sobre contrapartidas previas para ir limando asperezas en las negociaciones de determinados apoyos parlamentarios a los presupuestos generales del estado. Si también están interesados, en seguida iremos viendo el proceso.
Pero sí creo que en este caso se puede ir más allá. También me pregunto si estas empresas tienen algún tipo de acuerdo de pesca con Somalia. ¿Lo tiene la UE? O es que acaso “nuestras empresas” están aprovechando la ausencia total de un estado en aquellas aguas para saquear los recursos sin contrapartida alguna por ello.

Desde luego “nuestras empresas” del atún no tienen muy buena fama en la mar, ni en Somalia, ni en Kiribati, lugares entre los que se mueven según la época del año con repetidas protestas de Greenpeace. Por poner un ejemplo, un megaatunero vascoespañol -según convenga-, el Albatun III de la foto, puede pescar en un solo viaje el doble de lo que pescan en un año algunos de los países insulares del Pacífico.
No me entiendan mal, no soy un ilusionado ecologista, ni un bienintencionado defensor del comercio justo. Sé de lo tremendamente brutal que es nuestra siempre culta y avanzada occidental civilización a la hora de explotar y consumir los recursos del planeta, sobre todo si están en manos de países subdesarrollados. Creo ser consciente de lo tremendamente dañino que es nuestro estado del bienestar para con terceros países que poseen los recursos que ambicionamos y necesitamos, pero también creo estar convencido de que ninguno de nosotros está dipuesto a remediarlo si eso implica perder nuestra calidad de vida.
Pero que lo sepa, y que conozca nuestra voraz necesidad, no quiere decir que lo aplauda, y mucho menos que aplauda que utilicemos nuestras FAS para protegerlo. Porque en realidad, la pregunta que me ronda la cabeza una y otra vez al escuchar y leer lo que tenido que oír y escuchar los últimos días es: ¿Quienes son aquí verdaderamente los piratas?
Por más que me cuentan la película, realmente no lo tengo claro. Lo que sí tengo claro es que de nuevo las FAS serán el pichón de este guiso político.
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