Como era previsible, la cortina de humo para ocultar, confundir y tergiversar la verdad sobre quién y por qué organizó el ataque a Ceuta ya está en marcha. La ministra de defensa no dio ayer en el Congreso ni una sola explicación coherente sobre el asunto. Se limitó a pedir disculpas, ampararse en el secreto, echar balones fuera y hacer una mueca infame cuando se la presionó para que dijera quién estaba detrás del ataque.
El gobierno está desarbolado, maniatado, humillado, dividido y noqueado como un boxeador zombi. Todavía no ha asumido el golpe y se niega a señalar a Marruecos, el elefante en la habitación, por motivos inconfesables. Sin embargo, ayer convocó el Consejo de Seguridad Nacional y se declaró la situación en Ceuta como de interés para la seguridad nacional. ¿Por qué? La propia ley de seguridad nacional define la Seguridad Nacional como la acción del Estado dirigida a proteger la libertad y el bienestar de sus ciudadanos, a garantizar la defensa de España y sus principios y valores constitucionales, así como a contribuir junto a nuestros socios y aliados a la seguridad internacional en cumplimiento de los compromisos asumidos. Es decir, el gobierno admite con esta declaración que lo que ha pasado en Ceuta afecta a la libertad, al bienestar y la defensa de España. ¿Por qué?¿Defensa frente a quién?
Y los partidos políticos y los medios de comunicación son cooperadores involuntarios, o no, de toda esta cortina de humo. La crítica y la lucha política se centra ahora en la respuesta ante el golpe, en el desgate político al adversario, en la gestión de la inmigración, en la situación en Ceuta, en los menores, en los pabellones.... perdiendo totalmente el foco el asunto principal: que Marruecos nos ha atacado, como nos atacó antes y que lo volverá a hacer. Y nos lo están ocultando deliberadamente.
Desde luego que los servicios secretos y el gobierno marroquíes esperaban esto: la división, el miedo, la desorientación y la insolidaridad en la respuesta. Era parte del plan de desestabilización interna y desprestigio. De eso se tratan los ataques en la zona gris: darle un golpe importante al adversario que le desestabilice internamente, cuanto más fuerte y más tiempo mejor, y que la autoría sea discutible y confusa.
Los ataques en la zona gris (que no ataques híbridos, que son otra cosa) son una acción ofensiva para desestabilizar al adversario que se sitúa entre la paz y el conflicto armado y que se caracterizan por 5 elementos fundamentales:
-Ambigüedad: los actores que atacan en la zona gris utilizan tácticas que son deliberadamente ambiguas por debajo de la agresión armada para evitar una respuesta militar o diplomática completa por parte de sus oponentes.
-Uso de herramientas y proxies: los actores estatales utilizan actores no estatales como proxies; pueden ser grupos armados, terroristas, mafias, inmigrantes en masa o individuos aislados que reciben apoyo en forma de armas, información, financiación, capital político o acceso al territorio del estado patrocinador para llevar a cabo acciones en su nombre subrepticiamente, lo que vuelve a dificultar la atribución de estas acciones.
-Desinformación: los ataques en la zona gris implican necesariamente operaciones de desinformación y propaganda para manipular la percepción pública y política propia y contraria.
-Ciberoperaciones: estos conflictos emplean ampliamente el ciberespacio y las redes para dañar, organizar y ocultar su autoría y amplificar su efecto.
-Tergiversación del orden nacional e internacional: los actores que participan en conflictos de zona gris a menudo buscan explotar las lagunas y contradicciones en las normas y leyes nacionales o internacionales para facilitar sus objetivos y plantear al mundo sus revindicaciones.
¿Les suenan estas características? El ataque a Ceuta cumple todas. Nadie dice quién lo organizó, se instrumentalizó la inmigración masiva, se usaron las mafias y las redes sociales para llevarlo a cabo, viene acompañado de propaganda generalizada en Marruecos y en España para reabrir el debate sobre la españolidad de Ceuta y Melilla y se está empleado torticeramente la legislación nacional e internacional para generar y subrayar nuestras propias contradicciones.
Y si seguimos sin reaccionar ante quien nos atacó, le estamos facilitando la labor, amplificando las consecuencias del ataque y, en definitiva, invitándole a que lo haga otra vez.
La única esperanza que nos queda para saber la verdad es que Jabaroot siga filtrando datos sobre los servicios secretos marroquíes y las órdenes que se emitieron para organizar el ataque.




