
Dos compatriotas retenidos en Gambia
han sido liberados. Apostaría a que ciertas actuaciones discretas llevada a cabo por el estado español durante las últimas semanas en aquel país ha tenido más que ver con la celeridad del asunto que las gestiones diplomáticas.
Además leo con satisfacción que el Ministerio del Interior ha puesto en marcha una ambiciosa estrategia para ampliar la presencia de las fuerzas de Seguridad del Estado en el exterior con la creación de 25 nuevas consejerías en países como Pakistán, China, Marruecos e Israel, así como consolidando o aumentando las operaciones, sobre todo en países africanos.
Esto, junto a lo ocurrido en Somalia -por dos veces-, junto a algunas otras acciones discretas que se han realizado en otros lugares, y sumado a la operación militar que ha partido al Chad, me hace recordar algo que ya hace tiempo viene anunciando este observador a quien ha querido escucharle: volveremos a África.
Y volveremos –volvemos diría- a África a realizar acciones complejas /multidimensionales /integrales /interagencias (que todo es uno) en medio de situaciones híbridas donde población local, autoridades y milicias autóctonas, agencias gubernamentales e internacionales, servicios de seguridad e inteligencia y multitud de actores externos a las fuerza militares tendrán y jugarán su papel, y algunas veces estos otros actores o agencias llevarán el peso principal en la consecución de los objetivos primordiales del estado quedando para las FAS, las labores de apoyo.
Por ello habrá que pensar en cómo esto afectará a nuestras capacidades futuras y, sobre todo, a nuestras mentalidades requeridas. Los conflictos a los que nos enfrentamos serán complejos, híbridos y nada convencionales y por tanto, nuestras doctrinas, nuestros medios y nuestro entrenamiento debe cambiarse profundamente para adaptarse a ellas.
Se debe admitir que la realidad de las FAS en los últimos dieciocho años ha sido este tipo de operaciones militares complejas de estabilización y reconstruccción (que no de paz) y que, por tanto, no se pueden considerar acciones secundarias o de importancia menor. Es más, en el futuro estas acciones complejas se reproducirán cada vez más y exigirán cada vez más compromiso militar. Es crucial entender que ya constituyen, y sin duda constituirán, un medio fundamental para contribuir a la seguridad nacional, vista ésta como un todo indivisible e integral.
Aporto por ello algunas reflexiones y propuestas que ya han sido lanzadas en otros ámbitos y que quizás puedan ser tenidas en cuenta:
1. Cualquier actuación exterior requiere generalmente un compromiso a largo plazo en personal, medios y recursos. Al comprometerse con ellas se debe ponderar en detalle el coste que supondrá en el tiempo esta participación y los beneficios de todo tipo que se persiguen. Esta reflexión debe ser previa y no ad-hoc bajo la presión de los acontecimientos; ergo se necesita una estrategia de seguridad integral previamente diseñada.
2. Una estrategia de seguridad integral que describa, determine y delimite nuestra visión multidimensional de la seguridad y que sustituya nuestra aproximación actual ad-hoc. Esta estrategia debería contemplar los riesgos y las amenazas como un todo indivisible entre lo interno y lo externo, y debería enfocar asuntos como el cambio climático, los estados fallidos o la pobreza de manera coordinada con los conflictos y crisis que generan. De esta estrategia deberá emanar la dirección política de la acción exterior coordinada.
3. Las acciones en el exterior en estados frágiles o fallidos serán cada vez más frecuentes debido a la interacción del desgobierno, las hambrunas y la escasez de recursos vitales, la pobreza y la desigualdad, la radicalización, las migraciones masivas, y la coincidencia de muchos de estos factores sobre estados que nada podrán hacer por aliviar sus consecuencias.
4. Por ello, y por su repercusión en nuestra seguridad y la de terceros países de cuya estabilidad dependemos en gran medida (Marruecos, Argelia, Egipto, Libia, Senegal, Mauritania, etc...), es previsible que nuestras autoridades políticas se vean cada vez más en la necesidad de orquestar respuestas que amortigüen y neutralicen estos riesgos.
5. En estas respuestas cada vez más frecuentes, las FAS estarán corrientemente involucradas, pero no sólo. Las actuaciones en ellas deberán ser integrales y multidimensionales desde el primer momento. Medidas que comprenderán las diplomáticas, las de apoyo a la gobernabilidad, de cooperación y asistencia técnica, militares, policiales, de inteligencia, agrícolas, energéticas, económicas, sociales, de justicia y de cualquier otro campo que pueda coadyuvar al fortalecimiento de las instituciones legítimas de los estados afectados serán necesarias.
6. Este enfoque integral (multidimensional/interagencias/interministerial) ya se ha adoptado en otros asuntos relativos a la seguridad que tienen una dependencia crítica de la coordinación de la acción del estado con bastante buen resultado. El Centro de Coordinación Antiterrorista, el Centro de Coordinación contra el Crimen Organizado y el Centro de Coordinación Regional de Canarias son ya ejemplos consolidados de organismos permanentes interministeriales de coordinación (alguna ya también en la conducción).
7. En el ámbito de la acción exterior no hay creado un centro de este tipo y la acción del estado es a menudo compleja, divergente y poco coordinada.
8. Este hecho, la descoordinación en las actuaciones exteriores entre los diversos actores civiles y militares, nacionales e internacionales, es el principal lastre en las actuaciones exteriores, ya sean nacionales o multilaterales. Esta descoordinación también afecta a España.
9. Debemos mejorar nuestra preparación para estas actuaciones, no sólo en el ámbito militar, sino en toda la administración. Para ello es necesario, aunque no suficiente, que un organismo interministerial dedicado en exclusividad y permanentemente asuma la coordinación, el adiestramiento, el seguimiento y la planificación integral de la acción exterior. El modelo de centro de coordinación permanente, dependiente de un ministerio, parece el que mejor funciona en nuestra organización estatal.

Una propuesta de Centro de Coordinación de la Acción Exterior (CECAE).
10. En las principales estructuras de seguridad internacionales (NNUU, UE y OTAN) a las que pertenecemos ya se han adoptado pasos serios para la adopción de estructuras y procedimientos integrales. Los experimentos multinacionales (a los que España ya se ha incorporado) son un buen exponente de ello. También para poder interactuar con estas iniciativas internacionales es necesario pensar en la adopción de este enfoque integral en el planeamiento, control y seguimiento de la actuación de nuestras herramientas estatales. El hacerlo nos preparará para que la futura acción estatal propia sea más eficiente ante los riesgos y amenazas exteriores que se nos avecinan pero también nos capacitará para interoperar en entornos multilaterales de manera más ágil e uniforme.

Operaciones multidimensionales de NNUU. Un paradigma integral.
11. La cooperación al desarrollo es un medio fundamental como instrumento preventivo para evitar tener que involucrarse de forma más seria en los hipotéticos conflictos o crisis. Esta cooperación no se debería limitar a la concepción clásica de ayuda al desarrollo. Otras medidas de asistencia técnica (especialmente en el ámbito de la seguridad) deben contemplarse y coordinarse en este ámbito.
12. En este futuro ambiente integral de las operaciones militares tendremos que asumir, regular y entrenar el concepto de operaciones multidimensionales de reconstrucción y seguridad o de contingencia compleja, que vienen a contemplar la exigencia para las fuerzas y medios que las ejecutan de disponer de la capacidad –mental y material- de realizar simultánea, sucesiva o secuencialmente, acciones de ayuda humanitaria, de asesoramiento, de reconstrucción, de apoyo a la gobernabilidad, de estabilización, de imposición de acuerdos, de combate, de protección y de contrainsurgencia en un mismo teatro, así como coordinarlas con otros actores estatales.
13. Siendo todo lo anterior importante, los éxitos en estas acciones se consiguen finalmente sobre el terreno; el tener capacidades civiles y militares adecuadas es un requisito indispensable para poder actuar de este modo integral. El planeamiento y la coordinación a nivel estratégico es muy importante, pero no suficiente por sí solo.