Tras muchos años de lucha incansable de unas honradas familias, y tras reconocer el Estado su responsabilidad en las muertes del Yak-42, por fin ayer los familiares de los que allí murieron tuvieron el justo reconocimiento público que merecían. Unas familias ejemplares que jamás cejaron en su empeño de que se conociese la verdad, a pesar del manto de plomo que algunos intentaron echar sobre aquella felonía. Espero que, al menos, el acto de ayer les proporcione cierta tranquilidad, la tranquilidad de que sus compañeros reconocemos que no nos comportamos a la altura de las circunstancias.
Blog de seguridad y defensa
domingo, 28 de mayo de 2017
De justicia.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Era de esperar.
Ya dije que este observatorio jamás estuvo tan en peligro como cuando se le ocurrió sugerir que el nombramiento del General de Ejército Villar Turrau, ex-Jefe del Estado Mayor del ET y ex-Director General de Armamento y Material del MINISDEF, como vicepresidente de estrategia de negocio de Santa Bárbara Sistemas contravenía claramente la Ley 5/2006, de 10 de abril, de regulación de los conflictos de intereses de los miembros del Gobierno y de los Altos Cargos de la Administración General del Estado.
Desgraciadamente hasta casi tres años después de la aprobación de aquella ley, no se aprobó el reglamento que la desarrollaba, lo cual propició el asunto y el delito quedó sin castigo. Si ese reglamento se hubiese aprobado sólo unos meses antes, dicha incorporación hubiese sido probablemente imposible hasta un tiempo después. Tiempo que, por supuesto, corría en contra de lo que ambas partes buscaban con dicho nombramiento, tener agarrado el pastel de los programas de defensa que afectaban al ET. Programas de defensa que ya para nadie es un secreto que son un fiasco y que han generado una deuda brutal para todos los españoles que hipotecará a las FAS durante decenios.
Pues bien, hoy El País informa que han sido imputadas por cohecho 13 empresas contratistas de Defensa. Dos Tenientes Coroneles se han deshonrado presuntamente (uno lo ha confesado) llevándose las migajas de comisiones y regalías varías. Lamentable la miseria moral que nos infecta.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Entre el valor y la deshonra
“Sabemos lo que somos, pero no en lo que podemos convertirnos.”
William Shakespeare
Ya han transcurrido dos años
desde que el 01 de junio de 2012 el gobierno de España concedió la Cruz
Laureada de San Fernando al Regimiento Cazadores de Alcántara nº 14 por su
participación en las operaciones de julio de 1921, un tiempo prudencial para
reflexionar con honestidad sobre este singular hecho sin interferir con las
conmemoraciones y homenajes debidos que durante estos dos años se han prodigado
merecidamente. Y deberíamos reflexionar sobre este asunto porque conceder una
Laureada noventa y un años después del hecho de armas que lo motivó es un
acontecimiento realmente insólito, singular y significativo, que no hace más
que subrayar la excepcionalidad en la que aquella actuación heroica del
Alcántara se circunscribió: el desastre de Annual.
Porque la Laureada concedida al
Alcántara y el lúgubre desastre de Annual -con las consecuencias que tuvo en el
Ejército, la sociedad y, definitivamente, en la historia española del siglo XX-
son dos caras inseparables de una terrible misma moneda. La feliz noticia de la
Laureada no puede escamotear a los que hoy conformamos el Ejército el terrible
fracaso moral generalizado en el que se circunscribieron los hechos del
Alcántara, dotándolos, aún si cabe, de mayor valor e importancia; pero no sería
justo -ni aconsejable- pensar que podemos pasar ya la página de los gravísimos
hechos ocurridos en las filas del Ejército español durante aquella campaña.
Algunas palabras posteriores al
desastre, como las de un destacado diputado de la época que afirmó: “estamos en el periodo más agudo de la
decadencia española. La campaña de África es el fracaso total, absoluto, sin atenuantes,
del Ejército español”[1],
así como las de un insigne y experimentado general que acusó por carta pública
a sus compañeros de armas “junteros” del fracaso: “Acabamos de ocupar Zeluán, donde he enterrado 500 cadáveres de
oficiales y soldados… El no tener el país unos millares de soldados organizados
les hizo sucumbir. Ante estos cuadros de horror, no puedo menos de enviar a
ustedes mis más duras censuras. Creo a ustedes los primeros responsables, al
ocuparse sólo de cominerías, de desprestigiar al mando y alcanzar en los
presupuestos aumentos de plantilla, sin ocuparse del material -que aún no
tenemos- ni de aumentar la eficacia de las unidades. Han vivido ustedes gracias
a la cobardía de ciertas clases que jamás compartí. Que la Historia y los
deudos de estos mártires hagan con ustedes la justicia que se merecen.”[2],
son sólo un par de muestras de la profunda fractura que produjo en la sociedad
y el Ejército aquel maldito verano de 1921.
Era de justicia recordar y premiar
a los héroes del Alcántara, y así por fin ha ocurrido, pero aun así surgen
muchas preguntas claves que gravitan en el aire y que merecen una sincera
respuesta: ¿qué terribles miedos y silencios propiciaron que este expediente se
guárdese en un cajón durante regímenes políticos tan diversos como el reinado
de Alfonso XIII, la II República, la dictadura y los diversos gobiernos
democráticos? ¿Por qué los militares nos ocultamos a nosotros mismos aquel
episodio durante tantos años? ¿Qué impulsó a unos pocos hombres a realizar aquellos terribles sacrificios a pesar de la deshonra
que les rodeaba? ¿Qué hubo distinto en aquellas unidades que en medio del
pánico y la desmoralización generalizada plantaron cara a la muerte de manera
plenamente consciente y sostenida? Y en definitiva, ¿por qué y cómo se levantó la
delgada línea roja que separó el valor de unos pocos, frente a la deshonra de
muchos?
La educación en el valor
“La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos
realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza;
valientes, realizando actos de valentía”.
Aristóteles
El desastre de Annual no fue ni
un hecho puntual ni sorpresivo. La situación en la que se encontraba el
Ejército en aquellos años había ya sido diagnosticada desde diversos ámbitos
con anterioridad al desastre.
El General Fanjul, a la sazón
diputado conservador, ya había lanzado una grave acusación a los entonces
diputados -allá por 1919- premonitoria de lo que se avecinaba: «En Marruecos vendrá una catástrofe, y es
necesario abrir una cuenta para saber a quién corresponden las
responsabilidades, porque llegado el momento del desastre todas caerán sobre un
ejército que no tiene las condiciones necesarias para actuar allí, y, entonces,
vosotros, hombres públicos, que sois verdaderamente responsables de
la política marroquí, encogeréis vuestros hombros y dejaréis caer las
responsabilidades en los hombres que visten el uniforme militar» [3].
Pero las palabras más terriblemente aterradoras sobre la situación anterior a la caída de Annual las pronunciaría el 23 de abril de 1921 el segundo jefe de aquel regimiento que ahora ha recibido la Cruz Laureada de San Fernando, el Oficial que meses después derramaría su sangre y la de sus hombres hasta la extenuación. Según atestiguó el diputado Felipe Crespo de Lara en una intervención ante el Congreso en 1922, el TCol Primo de Rivera manifestó ante varias personas -el General Silvestre estaba también allí- tres meses antes del desastre: «Que la situación en África, por efecto de la inmoralidad reinante y sobre todo por haberse entregado al juego muchos de los jefes y oficiales allí destinados, tenía que producir y no tardando mucho, una verdadera catástrofe.»[4]. Según afirmó el mismo diputado, entre 1920 y 1921 se habían suicidado 47 jefes y oficiales en África, y 41 habían perdido su carrera por fallos de tribunales de honor, la mayoría de ellos víctimas de su vicio por el juego. A ello se le sumaban 59 jefes y oficiales, de éstos 30 en África, acusados de desfalco y malversación de los fondos económicos que iban dirigidos al frente.
Los expedientes abiertos por la
justica militar en la época –recopilados en el expediente Picasso- demuestran como
no era infrecuente el robo de enseres y
recursos destinados a las unidades en la ciudad de Melilla, donde residían
cómodamente muchos coroneles y tenientes coroneles jefes de unidad, quedando
sus tropas aisladas, desabastecidas y desguarnecidas al mando de capitanes y
oficiales que sí compartían las penalidades de sus hombres; certifican como las
unidades tenían muchos sueldos sin cobrar; dan testimonio como los jefes de
unidad por encima de comandante -debido a las normas que las juntas de defensa
soterradamente habían impuesto- se turnaban en el mando para de ese modo
equilibrar las posibilidades de obtener los preciados ascensos por méritos de
guerra entre todos ellos, sin preocuparse de las consecuencias que su desmedida
ambición personal generaba en las unidades.
En definitiva aquel expediente
recopilaba y daba fe de innumerables episodios de inmoralidad, corrupción, ambición
y deshonor; palabras todas ellas muy gruesas, que aplicadas y demostradas en un
ejército en situación de combate, y referidas a sus oficiales y jefes al mando,
se constituyen en pruebas de cargo de varios pecados mortales. No hay probablemente
acusaciones más graves para un militar. Quizás solo la cobardía en combate pero,
desgraciadamente, tampoco faltaría ésta a su cita con aquel desastre. La
pregunta que debería abrasar la mente de cualquiera que se haya acercado a aquellos
hechos con cierta profundidad es cómo llegamos a aquella situación.
No es fácil dar explicaciones concluyentes,
seguramente las razones son complejas y no sólo atañen a los militares. Muy
probablemente la sociedad de la época -y eso es referirse a las élites pues los
demás no tenían voz- estaba igual de enferma que su Ejército. Así desde luego
lo diagnosticaba Ortega y Gasset tras el desastre: “Lo importante es que el pueblo advierta que el grado de perfección de
su ejército mide con pasmosa exactitud los quilates de la moralidad y vitalidad
nacionales. Raza que no se siente
ante sí misma deshonrada por la incompetencia y desmoralización de su organismo
guerrero, es que se halla profundamente enferma e incapaz de agarrarse al
planeta”[5]. Pero
además de que el Ejército de la época pudiese ser en gran medida un fiel reflejo
de una sociedad enferma, desde el punto de vista militar tenía que haber algo
más. Ellos –los jefes y oficiales del Ejército- habían sido formados en otros
valores, y habían jurado dar la vida por unos ideales, sin excepción y sin
excusas; cabe entonces preguntarse por qué fallaron tan estrepitosamente.
Quizás palabras como la del Archiduque
Alberto de Austria, inspector general del Ejército austrohúngaro, en las justificaba la urgente necesidad de
reforma que emprendió en su ejército a finales del siglo XIX, nos ayuden a
entender la dinámica en la que se encontraban los ejércitos europeos de la época:
“Hay multitud de militares de mente estrecha que en tiempo de paz se
exceden en los detalles, son inexorables en materias de adiestramiento y
equipo, y que perpetuamente interfieren en el trabajo de sus subordinados. Esos
hombres adquieren por ello una inmerecida reputación y hacen del servicio una
gran carga, pero en la realidad, sobre todo, lo que hacen es impedir el
desarrollo del valor individual de sus subordinados y retardar el avance de
espíritus valientes e independientes. Cuando surge la guerra, estos hombres de
mente estrecha, superados por la excesiva atención a detalles y la escasez de
normas y reglas a las que atenerse, son incapaces de realizar los esfuerzos
necesarios y fallan miserablemente”[6].
Parece muy posible que el Ejército
español estuviese en una dinámica similar a la de sus pares europeos a finales
del siglo XIX, o que incluso estuviese quizás aún más castigado que otros,
debido al desastre del 98 y la desmoralización nacional colectiva que trajo
consigo, además de por la crónica falta de recursos que venía sufriendo desde
hacía muchos años; y fue precisamente en esa situación en la que afrontó la
progresiva ocupación del protectorado de Marruecos.
Entre 1907 y 1919, y a diferencia
del resto de ejércitos y naciones europeas que sufrieron la I Guerra Mundial, nuestro
Ejército se quedó muy probablemente estancado en la añoranza, acuartelado entre
África y la península, y desmoralizado a
la espera del fin de la contienda mundial, contienda de la que había quedado
definitivamente excluido. Probablemente
fue en estas fechas cuando comenzaron a
extenderse aquellos vicios difícilmente corregibles: la proliferación de
normas, las luchas profesionales intestinas, las corruptelas, la falta de
ejemplaridad y, sobre todo, se comenzó a extender la falta del coraje moral e
intelectual necesario para señalar y denunciar lo incorrecto, para exponer ante
la superioridad las debilidades, los errores y los problemas por miedo a las
consecuencias; en definitiva se extendió la conformidad, la estabulación y la
deslealtad como comportamientos generalmente aceptables entre los oficiales para
seguir medrando profesionalmente.
«La empresa militar de ocupar la bahía no tiene dificultades de gran
monta»[7]
fueron las palabras que por carta remitió el General Berenguer –Alto Comisario
de Marruecos- al ministro Eza sobre el plan remitido por el General Silvestre en
1920 para la tan deseada ocupación de Alhucemas. Mientras decía esto a su
superior jerárquico, le escribía a su subordinado también por carta: “Hemos de prever, dada la gran dificultad
que, como sabes, existe, o mejor dicho, la imposibilidad de que nos refuercen
en plazo breve con núcleos de tropa, que ese alargamiento de la línea,
estirándola por un flanco, nos pueda crear una situación débil en toda ella». Esta
gravísima disparidad entre lo que se le decía a la superioridad y la realidad
sobre el terreno es un claro ejemplo de la forma de comportarse de la cúpula al
mando de las operaciones y se debía con toda seguridad a que el General Berenguer no quería “molestar”
a sus superiores con detalles que importunasen los ardorosos deseos de la
cúpula militar, y de las altas instituciones del estado, que impulsaban con
ahínco la expedición y a su subordinado el General Silvestre.
El viejo Aristóteles nos señala
en la cita del inicio de este epígrafe que la valentía se ha de educar, y se
debe educar practicándola en el día a día con pequeños actos de valor. Para un
militar esto significa que el valor se debe educar en el tiempo de paz pues,
llegado el momento del combate, es aleatorio –cuando no difícil- que surja. Es
decir, el valor se puede y debe educar en el modo en el que un militar afronta
la vida diaria, en pequeños asuntos, tomando decisiones complejas en ambientes
inciertos e incómodos, y asumiendo daños o pérdidas personales o profesionales
como consecuencia de aquellas; también probablemente confiando asuntos y
decisiones valiosas a subordinados y compañeros, poniendo en sus manos nuestras
vidas y permitiendo así crear lazos de confianza mutua que son difícilmente
disolubles. Y es así que el valor nace en tiempo de paz, seguramente, de una diaria
batalla mental entre lo cómodo, conveniente y beneficioso para uno mismo y su
carrera, y lo honorable y leal, a veces incómodo y peligroso, que muchas veces puede
perjudicar a nuestros intereses personales.
Y es que nadie que no sea capaz
de acometer el miedo y el desgate moral que produce defender ideas distintas a
las institucionalmente establecidas, y debatir honestamente con los que uno
considera los suyos, señalando los posibles errores con prudencia y lealtad,
será capaz jamás de afrontar otros riesgos. Es más, el carecer de leal espíritu
crítico y de una abierta capacidad de análisis, así como la falta de valor para
presentar informes u opiniones incómodas para el mando, produce un serio
desarme moral e intelectual que, al perpetuarse, incapacita a la institución
y/o sociedad que lo practica.
Aquella batalla entre lo incómodo
y lo conveniente para sí mismo que sin duda se planteó en la mente del General
Berenguer al saber que sus superiores esperaban de él determinadas palabras que
no eran ciertas sobre el terreno, fue ganada por la conveniencia de decir lo
que sus superiores esperaban sin plantear problema alguno y sin informar
lealmente de los graves riesgos que se cernían sobre todo el plan. El resultado, como ya pronosticó el General y
diputado Fanjul, fue que el General Berenguer acabó procesado y separado del
servicio por su actuación en esta campaña, asumiendo la máxima responsabilidad de
un desastre en el que otros habían también tenido demostrada responsabilidad.
Fue precisamente en este ambiente
en el que el TCol Primo de Rivera –aquel que pronosticaba el desastre por la “inmoralidad reinante”- y sus hombres,
tuvieron que decidir en aquellos días de julio de 1921 si arriesgaban lo más
valioso que tenían, su vida, en
beneficio de unos compañeros a los que probablemente no conocían, unas personas
que lo único que tenían en común con ellos era la bandera que defendían. Y es
que cuando partieron de Melilla a asumir el contacto con el enemigo sabían ya
lo que estaba ocurriendo, y lo hicieron plenamente conscientes de los errores del
mando y de las defecciones que aquel día abundaban a su alrededor. Y aun así,
cumplieron hasta morir.
Pero no sólo fueron ellos los que
aquel fatídico verano se comportaron con extremo valor a pesar de la ignominia
reinante a su alrededor. El Comandante Benítez, defensor de Igueriben, nos
brindó otra maravillosa lección de valor moral y físico cuando se dirigió en
estos términos a su comandante en jefe, el General Silvestre, y le espetó: «Nunca esperé de V. E. recibir orden de
evacuar esta posición, pero cumpliendo lo que me ordena, en este momento, y
como la tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el mando,
dispongo que empiece la retirada, cubriéndola y protegiéndola debidamente pues
la oficialidad que integra esta posición conscientes de su deber, sabremos
morir como mueren los oficiales españoles». Como ya es sabido, el Cte
Benítez murió defendiendo su posición –lo que le valió una Laureada individual-,
y la hipótesis más plausible es que el General Silvestre acabó suicidándose[8] en su
tienda de campaña cuando todo el desastre era ya un hecho, abandonando a sus
hombres cuando más le necesitaban.
Estatua en honor al Comandante Benítez en Málaga.
Terribles palabras y terribles historias
no tan lejanas en el tiempo. Historias de soldados cuyas consecuencias fueron
tan graves que afectaron a toda la historia de España del siglo XX. Historias cuyos ecos aún llegan
hasta nuestros días, sucesos que no deberíamos cerrar en falso sin que nos
dejen alguna lección indeleble. Y es que ningún oficial debería desconocer que
los hechos en los que participó el Alcántara con tanto honor fueron
consecuencia de gravísimos errores del propio Ejército, y que además contribuyeron
definitivamente al gran desastre colectivo que se avecinaría para España pocos
años después.
Todos deberíamos llevar grabado a
sangre y fuego en nuestra mente el que casi con seguridad fue el momento más
ignominioso de la historia de los oficiales del ejército español a lo largo de
su ya dilatada historia: el desastre de Annual y las circunstancias que lo
rodearon. Los jóvenes cadetes, cuando ya tengan unos años de formación y sean
capaces de entender la importancia del pecado cometido por sus antecesores,
deberían estudiarlo y discutirlo en detalle, y las caras e imágenes de sus principales
protagonistas deberían serles tan familiares como las de sus generales y
profesores actuales.
Y deberían conocerlo a modo de
vacuna, para que ya siempre sean plenamente conscientes de en qué pueden
convertirse, y en lo que se convirtieron algunos que, como ellos, un día lejano
abrazaron la profesión militar con devoción y que, sin embargo, acabaron
fallando terriblemente a su Nación; y para que nadie jamás, ocurra lo que ocurra,
repita aquel fracaso moral colectivo, y para que se den cuenta que aquel hecho
supone una vergüenza con la que ellos también deberán cargar por el mero hecho
de ser oficiales de nuestro Ejército español.
Conclusión
“Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de
valor.”
Albert Einstein
Desde luego la del Desastre de
Annual es una de las más cruciales lecciones que recibió nuestro Ejército a lo
largo de su historia que no conviene, quizás a veces deliberadamente, olvidar.
En él se entremezclan episodios terribles de cobardía, deshonra y deslealtad,
con otros, como el del Alcántara, de enorme valor moral y físico; episodios de
los que se pueden extraer lecciones cuya esencia es perfectamente aplicable a
nuestros tiempos.
Porque muy probablemente, en lo militar, no desarman
ni la carencia de medios, ni la escasez de dineros, ni los flojos soldados, ni
los fusiles obsoletos; en lo militar, desarma fundamentalmente la falta de valor
intelectual y moral, y éste es el peor de los desarmes, porque conduce
inevitablemente al tan temido desarme moral colectivo –el fracaso inevitable de
los hombres custodios de las armas-.
Muchísimo más importante que
legar a las siguientes generaciones de oficiales potentes carros de combate y
modernos misiles, mucho más importante que darles licenciaturas e idiomas y relatarles
historias de héroes y medallas, es transmitirles un discurso moral sincero y
coherente que les prepare para las adversidades, miedos y frustraciones que sin
duda tendrán que afrontar en el futuro, como afrontamos hoy, y como afrontaron
todos los que lucharon por España antes que nosotros. Porque nunca ha sido
fácil servir con honor en los Ejércitos de España y, a buen seguro, tampoco lo
será en el futuro.
Pongámonos toda la vacuna contra
la deshonra y la desmoralización, expliquémonos en detalle lo que fue el
Desastre de Annual, sus consecuencias y sus posibles causas. Y una vez
restituida la deuda con el Alcántara, reflexionemos en estos tiempos de crisis sobre
por qué tuvimos miedo tanto tiempo a reconocer nuestros terribles errores, y sobre
si aquellos vicios que se instalaron en nuestro Ejército en aquellos días, así
como si ese miedo a la reflexión crítica y al ser postergados por la
incomodidad de nuestras opiniones, perviven en nuestras filas.
[1] Indalecio
Prieto. Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados (DSCD). 22-12-1922.
[2]
General Miguel Cabanellas Ferrer. El
Imparcial. 27 de octubre de 1921.
[3] Joaquín
Fanjul Goñi. DSCD. 19-08-1919.
[4] Felipe
Crespo de Lara. DSCD. 06-07-1922.
[5] Ortega y
Gasset. España invertebrada. 1922.
[6] Archiduque
Alberto de Austria. La responsabilidad en la guerra. 1874.
[7] DSCD. 29-11-1922.
[8] Así lo
afirmaron años después del desastre el Cabo
Las Heras (su operador de radio) y el propio Abd-El-Krim El Jatabi.
domingo, 23 de marzo de 2014
¡Hasta siempre Presidente!
Finalmente el Presidente Suárez nos ha dejado físicamente. Mucho antes nos había dejado mentalmente, como ocurre con muchos de los que se entregan con tanta pasión por algo: un buen día acaban desconectando de aquello que quieren tanto, probablemente por el dolor sufrido, o simplemente por el brutal desgaste que se cobra el amor incondicional.
Porque el Presidente Suárez era alguien que quería a este maldito país hasta límites insospechados, un patriota con mayúsculas, alguien que se lo jugó todo por todos nosotros y salió victorioso, con tan grandes aciertos que podrían enterrar los más grandes errores que hubiese podido cometer.
Espero que hoy mismo se pueda jugar un mus con su viejo amigo, el Capitán General Gutiérrez Mellado, y que se fumen un buen cigarro allá donde vayan las almas de estas grandes personas.
Lo que tengo por seguro es que, con su media sonrisa de galán de cine y su carácter conciliador, irá recibiendo a todos los que le traicionaron sin un solo reproche, como hizo en vida.
Lo que tengo por seguro es que, con su media sonrisa de galán de cine y su carácter conciliador, irá recibiendo a todos los que le traicionaron sin un solo reproche, como hizo en vida.
Yo espero poder conocerle alguna vez, cuadrarme marcialmente como ya no hago ante nadie, estrecharle la mano si me la tiende y decirle: ¡siempre a sus órdenes, Presidente!; ¿le hace un mus?"
sábado, 8 de febrero de 2014
Canarias: en la encrucijada del petróleo.
«Le pido a Alá que encontremos petróleo tanto en España como en Marruecos».
Abdelilah
Moulkirán. Primer Ministro de Marruecos. 5 de octubre de 2012.
Que las
Islas Canarias han sido un bastión estratégico de primer orden a lo largo de su
historia es un hecho incontrovertible que desgraciadamente no es muy conocido
en la España actual. El que fue el primer enclave oceánico del expansionismo castellano
en el siglo XV se convirtió en la palanca que permitió a España conquistar
América, fundar su imperio y controlar el comercio con las Indias; hecho que no
pasó desapercibido para nuestros enemigos de entonces, primero los berberiscos y
luego especialmente Inglaterra, que no cejaron durante los tres siglos
siguientes en el intento por hacerse con algún territorio en el archipiélago.
Pero
no acabaron en el siglo XVIII las amenazas sobre las islas. Durante el siglo
XIX EEUU planificó su invasión y Alemania fijó su vista en un territorio poco
protegido que le proporcionaba acceso a África y al Mediterráneo; durante la Primera
Guerra Mundial una flota británica materializó un bloqueo alrededor del
archipiélago para evitar su empleo por Alemania; en 1940, el entonces ministro
de Asuntos Exteriores español recibió la petición del III Reich de la cesión de
la isla de Gran Canaria para los planes de guerra alemanes, y durante los
primeros años de la Segunda Guerra Mundial se apoyó secretamente a la Armada
alemana en la batalla del Atlántico; en 1941 las
Fuerzas Armadas británicas emitieron el plan Pilgrim para la invasión de las islas, y en 1943 serían las fuerzas
canadienses las que prepararon el plan Tonic
con el mismo propósito.
A lo
largo de su historia española, Canarias ha sido un preciado territorio que
muchas otras naciones han estado dispuestas a ocupar manu militari por su valor geoestratégico; hoy
en día, casi totalmente despejadas las pasadas amenazas de seguridad sobre las
islas ―ya bajo el potente paraguas de España, la
OTAN y la UE―, no han sido sin embargo despejados otros riesgos larvados que
van creciendo en su entorno.
Por
un lado, en el ámbito interno insular, comienza a tomar aire una corriente de
opinión de desapego del resto de España, alentado por la crisis económica y la
costumbre -no por conocida menos preocupante- de señalar en el exterior a los responsables de
todos los problemas internos. Siendo justos hay que reconocer que la
incomprensión y la ligereza con la que se tratan a veces los
asuntos de un territorio tan especial, la falta de reconocimiento del valor de
las islas, la lejanía de la Península, la doble insularidad, un trato a veces desdeñoso
frente a otros territorios, así como un tardío desarrollo económico y de sus
infraestructuras, propician un sentimiento de abandono en todos los órdenes que,
convenientemente explotado, conforma un caldo de cultivo favorable para el
discurso disgregador.
Por
otro lado, la profunda brecha de riqueza y bienestar que existe en los 90 Km
que separan a las islas del continente africano, la incierta resolución de la Primavera
Árabe y su posible influencia en Marruecos, la desestabilización del Sahel, la
posición de las islas en la retaguardia marroquí, las reivindicaciones sobre
Ceuta y Melilla, el conflicto del vecino Sáhara, la tensión argelino-marroquí, la
inmigración ilegal y el crimen organizado son riesgos que no se pueden
menospreciar al analizar la seguridad de las islas desde un enfoque integral.
Sin
embargo, es conviene subrayar que precisamente algunas de las anteriores
circunstancias también pueden convertirse ―bien gestionadas― en magníficas oportunidades
de desarrollo, comercio y revalorización de las islas. No es baladí advertir
que África es el continente con mayor potencial de desarrollo en los próximos
decenios, y que para ese desarrollo necesitará multitud de recursos que la UE,
y muy especialmente España y las Islas Canarias, pueden proporcionar.
No
por casualidad España se ha convertido en 2012 en el primer socio comercial de Marruecos, desbancando a Francia ―muy a su pesar― por primera vez en la Historia,
y haciendo que Marruecos sea ya nuestro segundo cliente fuera de la UE, por detrás
solo de EEUU y superando con creces a China. Las empresas siderúrgicas,
automovilísticas, textiles y energéticas son las que más han contribuido a este
hecho, pero sectores como el turístico y la construcción comienzan también a
adquirir relevancia en el mix
empresarial español en Marruecos. Y a estas circunstancias no han permanecido
ajenas las islas que ya se están constituyendo en la mejor plataforma de
proyección europea hacia el Sur; las exportaciones canarias a Marruecos han
crecido un 140% en términos relativos durante el mismo año 2012, confirmando a
este país como uno de los mercados más pujantes para la producción del
archipiélago.
Esta
creciente relación comercial, la estabilización y el desarrollo marroquí, así
como las posibilidades que puede abrir el tratado de libre comercio que este
país ha comenzado a negociar en 2013 con la UE son ya una oportunidad mutua de
progreso que puede servir de modelo en el futuro ―por qué no― para otros países
de la vertiente noroccidental africana; sin obviar que además se pueden
constituir en el mejor precursor de la confianza mutua y la seguridad
compartida entre España y Marruecos.
Pero
todo tiene un precio ―quid pro quo―. Probablemente la cada vez más fría
simpatía del Estado español por las reivindicaciones del pueblo saharaui es un
peaje que habrá que ir aceptando para impulsar todo lo anterior. La postura
española ante la resolución 2099 de 30 de abril de 2013 que EEUU presentó ante
el Consejo de Seguridad de la ONU, relativa a los derechos humanos en el Sahara,
parece un buen ejemplo de ello.
Dicho
todo lo anterior, y a pesar de ello, las Islas Canarias continúan siendo para
la mayoría de los españoles y los europeos un mero sinónimo de lugar vacacional
de sol y playa y poco más; un indicador fiable de la poca atención que en
general se presta al archipiélago desde el exterior. O al menos así ha sido
hasta que, de repente, las Islas han reaparecido en la agenda política española
por la posible existencia de una jugosa bolsa de hidrocarburos en sus costas
orientales lindantes con Marruecos; bolsa que Marruecos ya ha comenzado a
explorar, que está creando tensiones entre el Gobierno central y el Gobierno
autonómico, y que ―como ya hizo en el pasado más cercano― muy probablemente influirá
en las relaciones entre Marruecos y España, Sahara Occidental por medio. Un
asunto controvertido que, sin lugar a dudas, traerá repercusiones de calado
político y estratégico en los próximos años; tanto en el ámbito interno como en
el externo.
EL POTENCIAL DEL PETRÓLEO
En
marzo de 2012 el Departamento de Interior de los EEUU emitió un informe bajo el
título de Una estimación de los recursos mundialesconvencionales de petróleo y gas no descubiertos en el ámbito de su World Petroleum Resources Project.
En este informe se señalaba, entre otras muchas, una posible bolsa de
hidrocarburos localizada en la fachada noroccidental africana, tanto en la zona
continental como en la marítima, que podría extenderse desde Tánger hasta la
costa oriental de las Islas Canarias.
En
realidad, el potencial de esta zona era bien conocido muchos años antes. Desde
el año 1968 Marruecos ha autorizado algunas exploraciones en las aguas que
separan ese país del Archipiélago Canario sin que los resultados iniciales
condujeran nunca a la fase de explotación. Sin embargo, desde 2007, la
concesión de licencias se ha multiplicado por todo el territorio y las aguas
marroquíes ―incluyendo las saharauis―, dando ya más de una decena resultados
positivos en gas y petróleo. A día de hoy, se han concedido licencias de reconocimiento o exploración marítima (off
shore) para 250.000 Km2; un área que duplica en extensión la que
el Gobierno de EEUU ha concedido en el Golfo de Méjico.
Por
parte española, los permisos de exploración en la zona fueron otorgados a Repsol
en enero de 2002 y obtuvieron por repuesta una protesta diplomática formal del Gobierno
marroquí relativa a la indefinición de las aguas territoriales entre ambos Estados;
hechos que ocurrieron solo unos meses antes de la crisis de Perejil. De 2002 a
2004 se realizaron algunos sondeos, pero los derechos de Repsol fueron
suspendidos en 2004 por el Tribunal Supremo a instancias de una denuncia del
Cabildo de Lanzarote, situación en que se han mantenido hasta que han vuelto a
ser convalidados por el Gobierno español en marzo de 20121. Además
de lo anterior, y en estrecha relación con la cuestión, en marzo de 2013 el Tribunal
Constitucional desestimó el recurso interpuesto por el Gobierno de Canarias en
2008 contra la Ley 12/2007 que otorgaba en exclusividad al Estado la
competencia para autorizar prospecciones o explotaciones petrolíferas
submarinas en las aguas bajo jurisdicción española. Casualidades o causalidades
aparte, lo que sí resulta evidente es que en los últimos años se está reactivando una vieja carrera que ya tiene en
marcha a sus primeros competidores.
En
el cuarto trimestre de 2013 la empresa escocesa Cairn Energy ha comenzado los
trabajos de exploración, a través de su compañía subsidiaria Capricorn, en la
zona marítima denominada Foum Draa off
shore frente a las costas de Marruecos (bloques numerados del 86 al 88 en
la Figura 1) y a 180 Km de la costa norte de Lanzarote. En esta zona, la
compañía escocesa posee un 50% de los derechos de exploración y explotación, derechos
que han sido adquiridos a la pequeña compañía Longreach Ltd ubicada en el
paraíso fiscal de la isla de Jersey2. La estatal Oficina Nacional de
Hidrocarburos y Minas del Gobierno marroquí (ONHYM) posee otro 25%, Longreach conserva
un 2.5% y las compañías San Leon y Serica poseen el 14.17% y el 8.33% respectivamente.
Además, Cairn también posee derechos (37,5%) en la zona Cap Juby Maritime (bloques 117-119 en la Figura 1) frente a las aguas del cabo de mismo
nombre, y a unos 70 Km de las costas de Fuerteventura y Lanzarote. Derechos que
ya tiene planeado ejercer en 2014.
Figura
1. Zonas autorizadas por Marruecos para las prospecciones marítimas y
terrestres (Fuente: ONHYM)
Hay además
otras dos petroleras ―Tangiers Petroleum y Kosmos Energy― que también han
anunciado prospecciones en el primer semestre de 2014. Kosmos se dispone a
explorar el bloque denominado Foum Assaka
off shore (67-70) frente a las aguas de Agadir y Sidi Ifni, y un segundo
gran bloque denominado Cap Bojdour off
shore (20-34), situado en las aguas saharauis frente al Cabo Bojador, 170 Km
al sur de Gran Canaria. Por su parte Tangiers, en colaboración con Galp, tiene
prevista la exploración del bloque Tarfaya
off shore frente a las costas de Tan Tan (89-96), a unos 140 Km de las
costas de Lanzarote y Fuerteventura.
Según
la información ofrecida por la propia ONHYM, hay ya 18 áreas off shore a lo largo de la costa
occidental de Marruecos y el Sahara para los que existen acuerdos de
exploración de hidrocarburos con una pléyade de compañías distintas. Además de
las ya citadas, engrosan esta lista la turco-estadounidense Genel (con base
también en la isla de Jersey), la californiana Chevron, la británica Chariot
(con base en el paraíso fiscal de la isla de Guernsey5), la francesa Total y las españolas Repsol y Gas
Natural. Según las siempre orientativas estimaciones de las propias compañías,
los recursos prospectivos de barriles de las áreas de exploración que se
pretenden acometer en los dos próximos años del lado marroquí podrían superar
los 1.500 millones de barriles de petróleo (MBO). Pero lo más importante es
señalar que, en todos los bloques autorizados por el Gobierno de Marruecos, la
empresa estatal ONHYM se ha reservado un porcentaje importante de los derechos
de exploración y, por tanto, de los de una hipotética explotación.
Estas
prospecciones marroquíes en aguas cercanas a Canarias comienzan un año antes que los polémicos sondeos que se
han vuelto a autorizar a Ripsa (Repsol) en el lado español de las mismas aguas
(denominados Canarias 1-9 en las Figura 1 y 2). La petrolera española prevé
desarrollar exploraciones a finales de 2014 y 2015 en las aguas orientales de
Fuerteventura y Lanzarote, siendo sus derechos (50%) compartidos con la alemana
RWE (20%) y la australiana Woodside (30%).
Figura
2. Licencias de exploración otorgadas a Repsol en aguas españolas (Fuente:
Grupo RWE)
Según
el último informe de la asociación española ACIEP, se estima que en
las zonas autorizadas a Repsol podría haber unos recursos prospectivos de
hidrocarburos convencionales cercanos a los 1.200 millones de barriles de
petróleo (MBO) y 226 miles de millones de metros cúbicos de gas (BCM), siendo
conveniente reseñar que el Estado español no tiene ningún derecho sobre la
exploración o la hipotética explotación de los hidrocarburos que se pudiesen
encontrar, quedando estos como patrimonio exclusivo de las empresas que los
poseen, y por tanto de sus accionistas.
No
obstante lo anterior, fuentes del Ministerio de Industria llevan
tiempo señalando que, de encontrarse gas y petróleo en la zona española, los
beneficios económicos para el país serían importantes: ahorro en la factura
energética exterior de 28.000 millones de euros, dinamización y diversificación
de la economía canaria, creación de puestos de trabajo, e ingresos ―vía
impuesto de sociedades― de unos 700 millones de euros al año durante un periodo
estimado de 20 años.
Imagen difundida en la red por la organización independentista canarias Inekaren.
EL PROBLEMA DEL PETRÓLEO
Desde
los primeros pasos del tortuoso proceso que están siguiendo los permisos de
exploración concedidos a Repsol, las autoridades y buena parte de la sociedad
canaria han manifestado su oposición a las autorizaciones otorgadas por el Gobierno
central. Después de conseguir que se anulasen los permisos en 2004, el Gobierno
canario, el Cabildo de Lanzarote y el de Fuerteventura han tratado de frenar el
nuevo Real Decreto de convalidación de las prospecciones recurriéndolo por
partida doble ante el Tribunal Supremo y, en paralelo, han comenzado a formular
quejas ante las instituciones de la UE. Tan frontal oposición está sustentada
en razones primordialmente de impacto socio-económico, de riesgo medioambiental
y de conflicto de competencias.
Que
el turismo en Canarias es un sector clave, desde el punto de vista económico y
social, no es ningún secreto para nadie; pero conviene ponerle cifras. En 20113
el sector turístico canario representaba el 30% de su PIB (12.300 millones €),
el 35% del empleo (265.000 puestos de trabajo) y el 28% de los impuestos
recaudados (1.500 millones €); mientras que la media española del impacto
turístico era de un 10% del PIB y un 7% del total del empleo nacional. Conviene
también subrayar que el impacto económico del turismo crece en Canarias desde
2010, en plena crisis económica, a una media anual de casi un 5%; siendo esto
posible gracias a la especial importancia del turismo extranjero (Reino Unido y
Alemania a la cabeza).
Pues
bien, es precisamente la extraordinaria relevancia de este sector la que hace
temer por unas explotaciones petrolíferas en las aguas canarias que pudiesen
afectar negativamente al motor de la economía insular. Con respecto a ello ya
se han posicionado la Federación Internacional de Operadores Turísticos (IFTO),
la Federación de Turoperadores del Reino Unido (ABTA) y la Federación Alemana
de Agencias de Viaje y Turismo. Todos ellos se han dirigido por carta a las
autoridades españolas para expresarles la preocupación por el fatal impacto que
posibles derrames pudieran tener sobre la oferta turística canaria; pero
también alertando del peligro que supone la mera asociación de la marca
Canarias con el petróleo, y el daño que podría hacer sobre la imagen publicitaria
de paraíso natural que desde hace tiempo se trabaja en construir.
Evidentemente, estas organizaciones han obviado en sus misivas advertir sobre el
terrible impacto medioambiental que el turismo ha tenido y tiene sobre las
islas, causado fundamentalmente ―pero no solo― por el enorme déficit energético
generado por 12 millones de personas que visitan un territorio que dispone de
recursos naturales limitados y una
población residente de 2,2 millones4.
Imagen
difundida en Internet contra las exploraciones de Repsol (Fuente: No Oil
Canarias)
Desde
un punto de vista medioambiental, es evidente que toda explotación petrolífera
supone un riesgo innegable que pocas sociedades gustan de admitir en su
vecindario. Pero además, el excepcional valor de la biodiversidad marina y
terrestre de Canarias, la alta dependencia de plantas desaladoras para la
obtención de agua, y los riesgos añadidos de las posibles explotaciones a gran
profundidad que se han planteado, tanto del lado marroquí como del español,
hacen que se generen en toda la sociedad canaria dudas razonables sobre si
poner en riesgo un patrimonio tan valioso. A este respecto, tres importantes
organizaciones ecologistas ―WWF, Greenpeace
y Ecologistas en Acción― ya se han situado claramente en contra de las
prospecciones.
El
último factor, pero no por ello con menos peso, es una vieja reivindicación del
Gobierno autónomo para hacerse con el control de las competencias
administrativas relativas a la explotación de las aguas canarias que viene a
sumarse a los problemas anteriormente citados. Este conflicto fue el que llevó
al Gobierno autónomo a recurrir parte de la Ley 12/2007 ante el Tribunal Constitucional,
y por lo que este se ha pronunciado recientemente en su contra. Por si fuera
poco, esta reivindicación de las aguas canarias se enreda con la que el Gobierno
español espera plantear en NNUU con respecto a la ampliación de la jurisdicción
sobre la actual Zona Económica Exclusiva por el oeste de las Islas (de 200 MN a
350 MN), y con la todavía indefinida oficialmente frontera entre las costas
orientales de las Islas y Marruecos.
CONCLUSIONES
La
encrucijada a la que se enfrenta Canarias ante la hipotética explotación de
hidrocarburos en sus costas orientales es un dilema de primera magnitud política
y estratégica que no tiene una respuesta sencilla; y que no solo afecta a las
Islas Canarias, sino también a la economía y soberanía nacional, y a las
relaciones de España con Marruecos.
Marruecos
probablemente se va a convertir tarde o temprano en un país productor de
petróleo y gas, y lo va a hacer explotando, entre otras, zonas marítimas muy
próximas a las Islas Canarias. Pero además, encuentre o no petróleo, Marruecos
está ya experimentado un desarrollo económico espectacular que es una
oportunidad para España, para Canarias y para la UE. La senda de democratización,
desarrollo y cooperación que ha tomado en los últimos años parece indicar que
sus posiciones son ahora muchos más pragmáticas con respecto a nuestras siempre
delicadas relaciones.
El
hecho de que ambos países hayan concedido las autorizaciones de exploración
respetando el acuerdo informal de equidistancia en las aguas fronterizas, y que
esta vez el asunto no haya suscitado problemas en las relaciones diplomáticas,
así como el creciente estrechamiento de la cooperación comercial y la
dulcificación de la postura española sobre el Sahara Occidental son claros
síntomas de una nueva etapa más respetuosa y cooperativa entre ambos. Esta
nueva etapa, de confirmarse en el tiempo, muy probablemente ayudará a rebajar
progresivamente las tensiones de seguridad que históricamente han existido
entre ambos países (Ceuta y Melilla incluidas) y proporcionará prosperidad
económica a ambas partes. Aunque, por otro lado, este clima creciente de
seguridad y desarrollo marroquí traerá también consigo la eclosión de su enorme
potencial turístico, en directa competencia con el canario y el del resto de
España.
El
Presidente del Gobierno español con SM el Rey Mohamed VI de Marruecos durante
la primera visita oficial de su mandato
Pero
más allá de cuestiones económicas y de seguridad, la encrucijada del petróleo
en Canarias trae también escondida ―a modo de muñequita rusa― una derivada interna
que es muy conveniente valorar: otra confrontación entre un Gobierno autonómico
y la Administración central que, bien utilizada, podría convertirse en un banderín
de enganche del sentimiento de desafección que, a veces no sin razones, se
instala poco a poco en parte de la sociedad canaria. Otro problema territorial
que podría pasar a engrosar la lista de contenciosos de esta índole.
Y es que la
mayor parte de nuestras pretendidas certezas sobre el futuro no son más que
hipótesis, pese a que nos empeñemos en defenderlas con mucha vehemencia; sin
embargo, las lecciones del pasado están ya escritas. A este respecto, la
historia de España nos ofrece numerosas ejemplos sobre nuestros errores al
tratar los asuntos de territorios de Ultramar con ligereza o desdén, y la pertinaz crisis en la que nos encontramos nos
debería haber enseñado las consecuencias de confiar nuestro futuro a apetitosas
burbujas (ya sean constructoras, petroleras o turísticas) sin hacer las
reformas estructurales necesarias que garanticen un desarrollo socio-económico
equilibrado.
Aquellos
a los que toque resolver esta compleja ecuación del petróleo, con sus diversas
variables y derivadas, deberían siempre tener puesta su vista en todo ello, y
tratar de resolverla con el sosiego, la delicadeza y la prudencia que requieren
las decisiones de este calado. Decisiones cuyas consecuencias geopolíticas
trascienden varias legislaturas.
Se
encuentre o no petróleo, y se explote o no se explote en los próximos veinte
años, lo que parece seguro es que las
Islas Canarias seguirán siendo en el futuro el territorio español de mayor
valor geoestratégico; como ya los son hoy en día, y como ya lo fueron a lo
largo de nuestra historia.
NOTAS
1 Según RD 547/2012.
2 Según la lista española de
paraísos fiscales publicada en el Real Decreto 1080/91 de 5 de julio.
4 Para más información ver en
el informe de la Universidad de Sevilla: «Huella ecológica y presión turística socio-ambiental.
Aplicación en Canarias». Boletín
de la Asociación de Geógrafos Españoles Nº 57 de 2011.
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lunes, 28 de enero de 2013
Las viudas de Ifni.
Por razones que no vienen al caso, la guerra de Sidi-Ifni ha sido siempre un tema que ha ocupado este observatorio desde su creación. La desidia, la mentira y el manto de olvido con la aquella guerra fue tratada por la dictadura franquista ha sido otro capítulo poco honorable de la ya larga lista de miserias que la historia de España ha recopilado. Luego, durante los gobiernos democráticos, nadie ha querido solucionar algunas de las consecuencias que la descolonización apresurada trajo consigo. Ya se sabe que la política exterior española siempre ha sido bastante condescendiente con los sátrapas alauitas.
Pero aun hay esperanza. Resulta que un nieto del gobernador general de Ifni ha realizado ún corto denominado Las viudas de Ifni, que intenta dar a conocer algunas de las injusticias que con los habitantes de aquel territorio español se cometieron. Y parece que el corto es un firme candidato a los Goya. Esperemos que resulta ganadora y que ello sirva, al menos, para dar a conocer a los españoles uno de los episodios más olvidados de nuestra historia.
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viernes, 18 de enero de 2013
De intersticios africanos.
Y de todo esto, ¿qué hubiera opinado Jorge Aspizua?; se pregunta Guerras Posmodernas. Pues yo creo que el buenazo de Jorge, a sus cuarenta y diez, hubiera esbozado media sonrisa; inteligente y pelín amarga. Y la vida hubiese seguido, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido (perdón por el plagio a Sabina).
Así es la vida, en agosto de 2012 era un hecho pero ya en 2008 estaba claro para unos cuantos que la ecuación Argelia-Libia-Mali-Mauritania-Niger-Nigeria era una bomba de relojería que acabaría explotando por el gas del que somos adictos. Los intersticios cercanos sobre los que no supimos actuar con la suficiente celeridad; y sobre los que seguimos sin actuar, empiezan a mostrarnos sus frutos. Como siempre nos pasa en este ensimismado Occidente cristiano.
Esto no ha hecho más que empezar, y en estos tiempos de consecuencias, el resultado de estas acciones, y la operación de nuestras europeas empresas del gas, serán cada vez más complicadas. Por no hablar de los secuestros (que italianos y españoles hemos resuelto mediante pingües pagos con tanta alegría, miserias políticas mediante), del tráfico de armas libias descontroladas, de la entrada de droga latinoamericana, de la sequía y los desplazados a cientos de miles que se producitrán. Todo esto no es más que el preludio de la parte más interesante.
Pues para los que se nos avecina, ahora como entonces, tendremos que deshacernos de nuestra mentalidad Maginot y dejarnos de zarandajas de brigadas polivalentes, megabuques y cazas europeos. Que nos llevamos equivocando veinte años y ya empieza a ser muy tarde.
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