“La historia hace presente lo pasado, cercano lo distante, notorio lo secreto, perpetuo y casi eterno lo caduco; constante lo voluble, y ofrece a la vista muchas veces lo que se vio sólo una vez y aún apenas alguna. La historia renueva lo viejo, acuerda lo olvidado, resucita lo difunto y (…) devuelve a las cosas su antigua forma…”
Levantamiento del asedio de Ceuta (1721). Carga del regimiento de caballería del Príncipe contra las tropas inglesas y moras que sitiaban la plaza de Ceuta
Cuando oigo a opinadores, periodistas, analistas, youtuberos, políticos, e incluso militares, decir que esto del plan marroquí sobre Ceuta y Melilla empezó en 1975 con la Marcha Verde, no puedo más que entristecerme sobre lo desorientados que estamos todos los españoles sobre cómo y cuándo empezó este problema y cual es la hoja de ruta estratégica marroquí desde hace siglos.
Por supuesto que me entristece profundamente
que sigamos olvidando los 200 muertos que España perdió en la guerra olvidada y
silenciada de Sidi Ifni. En este observatorio se ha escrito desde 2007
sobre ella numerosas veces y nunca se ha olvidado. Curiosamente, la gestión del
todavía vigoroso régimen franquista de 1957 fue muy parecida a la que hace este
gobierno actual de la crisis de Ceuta: apaciguamiento, negociación, diplomacia
y, cuando la crisis estalló, improvisación y desconcierto. Claro, en aquella
época, era fácil controlar a periodistas, policías, militares, jueces y todo el
aparato del estado; así que el asunto se saldó al final con el silencio y el
olvido más absoluto. Hoy eso ya no es posible Pedro, te equivocas doblemente,
en la gestión y en la comunicación.
Pero no sólo me entristece que
olvidemos nuestra guerra de Ifni, me entristece que olvidemos que Ceuta estuvo
bajo el asedio más largo de la historia militar mundial: el
sitio de los 33 años (1694-1727). El sanguinario sultán
de Marruecos Muley Ismaíl, segundo de la dinastía alauita,
como el sátrapa actual, intentó sin éxito recuperar primero Melilla en 1687 y
luego Ceuta desde 1694 para la soberanía marroquí, aprovechando los estertores
del reinado del Carlos II el Hechizado y la desestabilización que la guerra de
sucesión española produjo en esto que hoy llamamos España y que trajo a los Borbones
a nuestra Corona.
Antes de este asedio, se perdieron a manos del sultán las también
controladas por la monarquía hispánica ciudades de La Mamora
(Mehdia) en 1681, Larache en 1689 y Arcila en 1691, y los británico perdieron Tánger en 1684. Por
supuesto, también durante este asedio se perdieron a manos británicas Gibraltar
y Menorca en 1713.
Luego Ceuta sufriría más ataques:
otro asedio importante
entre 1790-1791 y pequeños ataques en 1844, 1845, 1848 y 1854, hasta que en
1859, uno de esos ataques desencadenó la Guerra de África,
que hoy recuerdan los
leones del congreso de los diputados.
También hubo ataques a Ceuta mucho
antes, durante el control luso de la ciudad. Ya en 1419, cuatro años después de
ser ocupada por los portugueses, los merinies intentaron recuperarla con apoyo
de los nazaríes granadinos, y los ataques se repitieron en 1426, en 1476 y
durante todo el siglo XVI; todo ello en el marco de los
conflictos luso-marroquíes que concluyeron con la entrega de la última
posesión portuguesa, Mazagán, en 1769 al sultán de Marruecos, Mohamed III.
En definitiva, esto no empezó en
1975, ni de lejos. El trastarabuelo alauita de Mohamed VI, Muley Ismail,
aprovecho uno de los momentos de mayor debilidad histórica de la Corona española
para atacar todas nuestras posesiones en el norte de África, y con bastante
éxito; sólo quedaron bajo nuestro control Ceuta y Melilla. El trastarabuelo del
actual Mohamed VI, Mohamed III, recuperó para su reino la última posesión norteafricana
portuguesa en 1769. El trastarabuelo de Mohamed VI, Mohamed IV, atacó Ceuta y
perdió una guerra con España que culminó con la aceptación de la soberanía
española sobre Ceuta y Melilla y el establecimiento de las actuales fronteras y,
finalmente, el padre de Mohamed VI, Hassan II, recuperó, eso dicen ellos, el
Sáhara para Marruecos.
Ya he
dicho que Ceuta y Melilla forman parte del particular destino
manifiesto de Marruecos, y muy especialmente, como pueden ver, forman parte
de la esencia de la legitimidad política, histórica y religiosa de la dinastía alauita.
Mohamed VI quiere pasar a la historia de la reconquista marroquí como lo
hicieron sus antepasados más ilustres, como alguien que dio un paso más en la
reconquista musulmana de sus territorios ocupados ¿Les suena de algo esta cosmovisión
de reconquista religiosa y territorial?
Debemos entender que cualquier
movimiento o relación con Marruecos está condicionada por esta cosmovisión por
la otra parte. Todas sus acciones siempre buscarán, en último término, alcanzar
el objetivo histórico estratégico de recuperar el Sáhara, Ceuta y Melilla, y
más allá. Mientras no entendamos esto, todas las generaciones de españoles, una
tras otra, nos veremos sorprendidos como colegiales incautos por el mismo
asunto.
Marruecos tiene una gran estrategia,
dirigida y transmitida de padres a hijos por la dinastía alauí para reconquistar
el gran Marruecos y, para ello, el siguiente objetivo al alcance es Ceuta y
Melilla. Es una estrategia híbrida desde
hace siglos. Siempre ha alternado, hábilmente, la diplomacia torticera, las
alianzas con nuestros adversarios, los ataques armados directos, los ataques
armados indirectos, los grupos armados disfrazados, los asaltos civiles y ahora,
además, la inmigración, el tráfico de drogas y los ciberataques.
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