El mundo ha cambiado y cambiará más. Y no cambia a un mundo nuevo; el mundo vuelve a la normalidad histórica en el que el orden internacional vuelve a ser una selva donde los más fuertes depredadores vuelven a imponer su voluntad sobre las más incautas presas.
Y Europa y Oriente próximo, que durante 500 años fueron los más voraces depredadores de la pirámide alimenticia, ya no lo son. La expansión europea que iniciamos portugueses y españoles en el siglo XV, y al que se unieron otomanos, franceses, austriacos, holandeses, rusos y británicos, acabó definitivamente en el siglo XX con la disolución de los imperios históricos. Y la segunda guerra mundial acabó definitivamente con los intentos alemanes y japoneses de unirse al club imperial.
Y sí, todo esto lo hizo EEUU; comenzó dando la puntilla a España en el Caribe y en el Pacífico y acabó imponiendo la descolonización francesa y británica tras la segunda guerra mundial. Solo quedaba la URSS, y colapsó pacíficamente; el mayor desastre geopolítico del siglo XX, según Putin.
Y en esas estamos. EEUU, Rusia y China lo tienen muy claro. Esta pantomima académica del orden internacional basado en reglas acabó. Las caretas se han caído. En realidad nunca existió, los propios occidentales liberales que lo creamos, lo vulneramos sistemáticamente tantas veces que nadie se lo creyó (Vietnam, Argelia, Panamá, Serbia, Irak 2003, Libia, Siria....). Las NNUU ya son el mismo fracaso histórico que la Sociedad de Naciones. Hicieron un papel relativamente útil durante unos años, pero ya no.
Y para este vieja normalidad histórica, nuestra armas y ejércitos convencionales ya no son útiles por sí mismos. Israel, Corea del Norte o Irán lo entienden perfectamente. La única garantía de seguridad en este mundo de depredadores es el tener una capacidad de disuasión nuclear creíble. Ese es el orden internacional basado en la disuasión nuclear en el que estamos.
Desgraciadamente, nuestros líderes europeos y nuestros ministros de AAEE y defensa, y nuestro propio Rey, siguen defendiendo el RBIO. Ante la incertidumbre, pretendemos agarrarnos a un clavo ardiendo. Afortunadamente esto está cambiando en Europa.
Ucrania (que acordó deshacerse del tercer arsenal nuclear mundial a cambio del perpetuo respeto a su integridad territorial) lo ha aprendido por las bravas. Quizás Dinamarca, los Países Bálticos, Canadá o Taiwán acaben aprendiéndolo también del mismo modo.
Europa debe dejar de invertir en armamento convencional que nunca podremos utilizar contra los grandes depredadores de la selva internacional en la que nos internamos. Nunca dispararemos a un tanque, barco o avión de una gran potencia nuclear porque la represalia seria brutal
Y si ellos lo saben, como lo saben, estamos a sus pies. Es imprescindible dotarnos una capacidad de disuasión nuclear creíble a nivel europeo. Hay diferentes formas, dentro y fuera del Tratado de No Proliferación que EEUU nos impuso firmar. Pero es urgente.